Tiempo Libre

El cáncer no le impidió perseguir sus metas

Hace 73 años, en 1944, se celebró por primera vez el Día Internacional de la Mujer en Venezuela. Desde ese entonces, todos los 8 de marzo se conmemora su lucha reinvindicativa.

La anzoatiguense Marisela Padilla es testimonio de ello.
Para ella, “muchas veces las mujeres se ponen límites, se cohíben de hacer las cosas que les gustan y que quieren por temor al machismo que existe en la sociedad. No se dan cuenta de que somos independientes y que todos los días debemos valorarnos como somos, porque tenemos el honor de dar la vida a otros seres humanos”.

A sus 48 años tiene experiencias para contar, tanto a nivel personal como profesional. Es sobreviviente al cáncer, da clases de baile tradicional a niños del sector Tronconal III de Barcelona; estudia licenciatura en Educación para el Arte de Danza en la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte), en Puerto La Cruz. También realiza trabajos de bisutería para percibir ingresos extras.

Su vida cambió a los 41, cuando le diagnosticaron cáncer de endometrio (el revestimiento del útero donde crece el feto). Por tal motivo no pudo tener hijos. Sin embargo, dice que se siente “muy feliz de sentir que logra uno de sus objetivos más añorados: la danza”.

Operaciones

Cuando le detectaron la enfermedad a la altura de la pelvis, Marisela viajó a Caracas, al hospital Padre Machado de El Cementerio. En noviembre de 2009 le practicaron una histerectomía. Ahí comenzaba su recorrido por quirófanos.

Seis meses más tarde, en mayo de 2010, le encontraron un nódulo pulmonar. Sus células cancerígenas hacían metástasis y tuvo que dejarlo todo otra vez para ingresar por segunda ocasión en la sala de cirugía del nosocomio caraqueño.

Un año más tarde, aparecieron pequeños tumores en el área del abdomen. Los médicos volvieron a operarla. Una retroperitoneal fue su última intervención.

A pesar de las vicisitudes, su actitud es positiva.

“El cáncer es malo, pero tiene su lado bueno. Al pasar por todo eso aprendí a valorar lo que antes no me importaba. Me impulsó a perseguir lo que siempre quise hacer y a conocer las cosas que ignoraba. Lo más importante fue que me unió a mi familia, cuyo apoyo es fundamental”.

Desde 2013, tiene cita cada seis meses con sus galenos, quienes aseguran que se ha mantenido estable y que las células cancerígenas no han aparecido más.

Ahora, sus días los ocupa en dar clase a los niños de Danzas Las Ardillas de Tronconal III, a quienes les enseña bailes tradicionales como joropo, danza oriental y gaitas perijaneras.

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