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Las manifestaciones abren grietas al gobierno de Ortega

Miles protestaron contra el régimen de Ortega / Foto: AP

Cuando terminó la enorme manifestación del pasado lunes que llevó a decenas de nicaragüenses hacia la sede de la Universidad Politécnica de Nicaragua -bastión de la resistencia estudiantil contra el gobierno del presidente Daniel Ortega-, y los participantes comenzaron a dispersarse, un grupo de jóvenes se dirigió a la céntrica Rotonda La Virgen y prendió fuego a un “árbol de la vida”, una de las grandes esculturas de metal colocadas en las calles del país por la primera dama, Rosario Murillo, y un símbolo del poder presidencial.

La gente gritaba al ver arder el monumento de metal, que una hora después se desplomaba con un hondo ruido sobre el suelo. Gritos de júbilo, abrazos y baile.

Los nicaragüenses comprendían que se podía lograr lo que hasta hace poco parecía imposible: retar al poder autoritario del comandante Ortega hasta conseguir que perdiera el control de las calles.

Despertaron
Este despertar popular traducido en inéditas manifestaciones en Nicaragua se inició cuando el jefe de Estado impuso por decreto una reforma del sistema de la Seguridad Social, en coma tras más de una década de pésima gestión.
La población comenzó a convocarse en puntos céntricos de Managua, pero el descontento popular se extendió a todo el país. La respuesta del gobierno fue brutal: una represión que deja al menos 34 muertos, la mayoría en la capital, según informó el Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).
Apoyo venezolano

Mientras tanto el mandatario, con el apoyo petrolero de Venezuela, entregaba ayudas a los más pobres, que veían en él a una suerte de mesías en una nación con profunda desigualdad.
Ortega controlaba las zonas más pobres con estas dádivas, mantenía contentos a los empresarios, y daba palos a la oposición y a una clase media descontenta por el creciente autoritarismo del régimen y ahogada por el aumento del costo de la vida, el desempleo y el temor a expresarse.

La ingente cooperación venezolana -más de 4.000 millones de dólares desembolsados desde 2007- sirvió, además, para controlar medios de comunicación, formar empresas al amparo del Estado, a las que beneficiaba con jugosos contratos, y crear una nueva oligarquía: la burguesía orteguista.

Managua / Agencias 

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