Columnistas

Jugarse el pellejo

Pronto tenemos otro momento electoral en nuestro país. No lo puedo negar: me tiene angustiado esta circunstancia… y sus consecuencias. Más allá de las decisiones concretas – “¿por quién vas a votar?” – pareciera que la sabiduría  no nos ha invadido y aconsejado, aun cuando nuestra elección vaya a tener lugar en el día muy cristiano de Pentecostés: ¡Fiesta del Espíritu de Sabiduría y de Paz!

Los políticos juegan el porvenir de la patria sin pagar ningún precio personal. Como niños pendencieros, nos peleamos e insultamos, sin temer marramucias y engaños. Jugamos a vencedor sin buscar la armonía entre nosotros mismos, sin amor a la paz.

Recuerdo con cierta ansiedad los grandes y graves conflictos de la historia contemporánea: muy pronto las ideas se transformaron en guerras armadas en el seno de las mismas naciones. Con sus graves y dolorosas heridas, activas durante decenios. La partición de Corea, la división de los países que fueron de Yugoslavia, la guerra civil española, el gravísimo conflicto ruandés, el conflicto entre Chile y Bolivia. En la actualidad, ni la Iglesia Católica de nuestro  país ha logrado vencer una inconciencia, potencialmente llena de tragedias. ¿No nos habrá faltado una pizca de tolerancia y respeto mutuo? Sin poner en tela de juicio las legítimas diferencias ideológicas, cuánto hemos faltado en cultivar la fraternidad.

Recientemente una revista europea de información (“Le Vif/Express”) presentaba una obra de pensamiento: “Jugarse el pellejo”. Una de las tesis del autor, Nassim Nicholas Taleb: para evaluar la sinceridad de cualquier “decididor”, habría que escuchar su respuesta a una sola pregunta: ¿Se está jugando el pellejo, al imponer a toda la sociedad una grave decisión de orden público, financiero o propiamente político? Si no es así, el político o economista autor de una nueva idea no merece confianza. Por ejemplo, en el caso de guerra con Irán, ¿está dispuesto el Presidente Trump a poner a su hija o amante en la primera ola de desembarque? ¿o, ¡peor!, a poner en juego todos sus títulos en bolsa el primer día de guerra?

Dizque en la Roma de antaño, el arquitecto responsable de la construcción de un puente tenía que esperar debajo de la obra el retiro de todos los andamios: si el puente no resistía la inauguración, su autor moría aplastado… Hoy en día, los grandes responsables de decisiones económicas no ponen en juego ninguna ventaja adquirida. ¿Dónde están, hoy, los Gandhi de tiempos pasados? ¿Dónde, los políticos de cualquier orilla, dispuestos a vivir sin chalecos protectores de vidas o de ahorros legales?

Caracas / Bruno Renaud

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