Columnistas

¿O sí los sabe?

Muchas veces lo importante o relevante, no es lo que se dice, sino quién, en dónde, en qué circunstancias se dice. Los periodistas encargados de titular están muy agudamente conscientes de eso. Igualmente, cuando usted ve que en la portada de un libro que acaba de ser publicado se destaca el nombre del autor en grandes letras, es porque eso es lo que vende. En cambio, si lo que se destaca es el título, es porque eso es, precisamente, lo que va a atraer al público.

Los editores lo saben…y los escritores también. Los políticos también están muy pendientes de sus palabras. En ocasiones un político no muy destacado busca ocupar titulares con una declaración tremendista. Imagine usted al Sr. Pedro Pérez, del partido “Tíramealgo”, que convoque a una rueda de prensa para anunciar una “Matanza de indígenas” en algún lugar de nuestra geografía. Y produce fotos y documentos para comprobar su denuncia. Obviamente eso acaparará titulares.

Sin embargo, pareciera que lo que más vende son los chismes. Todo el mundo anda pendiente de la vida íntima y privada de los personajes públicos. La gente parece que se interesa más por saber si Trump le gritó a su mujer, o tuvo relaciones con tal o cual prostituta, o si se limpió los mocos con la manga de la camisa. La banalización de la política en ocasiones llega a extremos inimaginables. Michael Wolff es un columnista, no sé si periodista, de varios medios importantes en USA y acaba, en enero de 2018, de publicar un libro que lleva por título una frase de Trump sobre Corea del Norte: “Fire and Fury” (Fuego y Furia). Lo leí y quedé desalentado. Se trata de una compilación de chismes, más o menos al estilo de “Chepa Candela” usando un lenguaje a veces procaz, coloquial y más propio de amigos en taberna que de escritores serios. Allí se apunta que el triunfo de Trump fue una sorpresa hasta para él mismo y que no está capacitado para ser presidente de USA. Sin embargo, el repunte de la economía norteamericana pareciera desmentir esa afirmación. En lo personal no me agrada el estilo pendenciero y guachamarón que despliega a diario por las redes. Pero decidió apoyar a Israel abiertamente y mudó su embajada a Jerusalén. No se dejó intimidar con el gordito de Corea del Norte ni con el ayatola iraní.

Por primera vez pareciera que las dos Coreas podrán mantenerse en paz y renegó del tratado nuclear con Irán. ¿Resultados? Ya los veremos. Las sanciones que le han aplicado a los corruptos narco-terroristas que usan sus cargos en el gobierno venezolano para disimular sus acciones, han estimulado a otros países a actuar. Es de suponer que lo seguirán haciendo y cada vez con mayor contundencia. Lo interesante es que se deduce que el triunfo de Trump fue una sorpresa hasta para él mismo.

También apareció otro “best seller”, el libro de James Comey, el ex-director del FBI botado por Trump el año pasado, titulado “A HIgher Loyalty” (Una Lealtad Superior), que cuenta chismes de su paso por ese organismo desde el 2013 y remata con su experiencia en esa supuestamente caótica Casa Blanca. Como si alguien botado de Miraflores escribiera unas memorias con un título algo así como: “Mi paso por un Burdel”. Eso vendería ¿No? Es que sencillamente todos tenemos curiosidad por saber lo que pasa detrás de la cortina. Aquello que está reservado para unos pocos y que alguien se atreve a contar en público. Enterarse de un supuesto secreto es un potente motivador. ¿Por qué, en cambio, las próximas elecciones no entusiasman a nadie? Porque allí no hay secretos. Salvo algunos incautos y otros ingenuos, todo el mundo, menos Falcón, ya sabe los resultados. ¿O sí los sabe?

Lechería / Henry M. Cabello

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