Puerto La Cruz, miƩrcoles 22 de mayo de 2013
Dopaje en el deporte: "Quería más"
07.08.2012 11:44 AM El marchista italiano Alex Schwazer considera su carrera terminada: "He traicionado la confianza de quien me quiere" ha dicho tras confesar que se dopó. Él no es el único
Alex Schwazer
Madrid.- "Quería más". Las palabras son del marchista italiano Alex Schwazer, oro olímpico en 50 kilómetros en Pekín 2008, y resumen de manera contundente la razón de que un deportista decida un día enfilar el camino del dopaje para obtener el máximo rendimiento.
"Quería más". Son dos palabras que bien pudieron pronunciar otros dos olímpicos, el velocista canadiense Ben Jhonson y la atleta estadounidense Marion Jones, ambos implicados en el pasado en episodios de dopaje.
"Quería más". Y veces esta ambición de triunfar puede conducir a graves problemas de salud e incluso a la muerte en plena competición, como le ocurrió al ciclista Tom Simpson, que murió el 13 de julio de 1967 en el Mont Ventoux, en la decimoquinta etapa del Tour, por una insuficiencia cardíaca debida al consumo de anfetaminas y alcohol.
"Quería más. Tenía delante los 20 y los 50 kilómetros olímpicos, quería ser más fuerte, caminar más veloz", dijo Alex Schwazer, de 27 años, positivo por EPO en un control de orina del 30 de julio cuando se entrenaba en Alemania.
La confesión inmediata de Schwazer contrasta con el comportamiento de otros deportistas, más inclinados a negar el dopaje y a defender que no necesitan estimulantes para mejorar su rendimiento, aunque luego se vean obligados a rectificaciones humillantes.
"Jamás, jamás he tomado productos dopantes para mejorar el rendimiento. Todo lo que he conseguido ha sido porque Dios me ha dado un cuerpo dotado y yo he trabajado mucho", dijo Marion Jones el 16 junio de 2004 después de ser citada a declarar en relación con la investigación abierta a los laboratorios BALCO, que suministraba productos ilegales a los atletas de elite.
Era un momento en el que Jones, que había conquistado cinco medallas en Sydney 2000, tres de ellas de oro, temía ser excluida del equipo olímpico estadounidense para los Juegos de Atenas.
Jones compitió finalmente pero, a diferencia de Sydney, solo lo hizo en el salto de longitud, donde quedó en un modesto sexto lugar. La sombra del dopaje ya no la soltó.
En diciembre, el patrón del laboratorio BALCO, Víctor Conde, asestó un golpe que se demostró definitivo a la credibilidad de Jones al afirmar en una entrevista con la cadena ABC que la atleta se había dopado antes de la conquista de sus cinco medallas olímpicas.
Jones y su entorno sostuvieron la idea de la conjura en su contra hasta el 5 de octubre de 2011. En esa fecha, la deportista admitió que se había dopado y que había mentido a los investigadores federales. También anunció su retirada.
"Siento una gran vergüenza al estar ante ustedes y reconocer que les he fallado en la verdad", dijo Jones, que reconoció ante el juzgado de White Plains (Nueva York) que había tomado los esteroides sintéticos que fabricaba BALCO y que cada vez que los ingería era mucho más rápida en la recuperación física y hacía mejores tiempos.
Ben Johnson asombró al mundo tres veces en Seúl'88: la primera, al conquistar el oro en la prueba de 100 metros batiendo a Carl Lewis, la segunda al establecer con 9.79 segundos la mejor marca de todos los tiempos y la tercera al dar positivo por esteroides, lo que le costó la pérdida de la medalla.
El velocista canadiense Ben Johnson también negó al principio haberse dopado al menos de "forma consciente", pero en junio de 1989 lo admitió ante la comisión gubernamental que investigaba el dopaje en el deporte en ese país.
"Tomaba todo lo que me daba Charlie Francis (su entrenador) sin saber al principio lo que era y sin que nadie me dijera lo que estaba prohibido", dijo Johnson, que luego reconoció que, a partir de 1983, ya sabía que las drogas que estaba tomando se llamaban esteroides y que estaban prohibidas.
Tras la confesión, la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) anuló todos los récords (100 metros al aire libre y de 50 y 60 lisos bajo techo) que había sumado entre 1981 y 1988.
Suspendido de por vida por el Gobierno canadiense, éste le indultó en agosto de 1990, aunque le mantuvo la suspensión de ayuda financiera para atletas de alto nivel. En 1989, su médico Jaime Astaphan, apodado "El Brujo", confesó que había inyectado esteroides al velocista entre 50 y 60 veces en los años anteriores al escándalo.
En 1993, Johnson volvió a dar positivo por testosterona y la "IAFF" lo suspendió el 5 de marzo a perpetuidad. En noviembre de 1999 se conoció su tercer positivo. Pese a estos positivos, Johnson siempre ha insistido que en Seúl alguien le introdujo sin su conocimiento una sustancia prohibida en la comida o en la bebida.
En septiembre de 2004, explicó en una entrevista con la revista alemana "Stern" atribuyó su caída en el dopaje a que su entrenador le dijo que nunca lograría grandes triunfos si no hacía las mismas trampas que sus competidores.
"Tenía 20 años y no era un científico, sino un chico que corría, y entonces pensé '¿por qué tengo que romperme el culo si los otros trabajan menos y no les pasa nada?'", afirmó.
Schawzer ha tomado el rumbo contrario. Admitió el dopaje. Siempre se había declarado en contra y había jurado que no estaba en su cultura. Pero "quería más" y ahora considera su carrera terminada: "He traicionado la confianza de quien me quiere".

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