Puerto La Cruz, jueves 23 de mayo de 2013
El debate electoral
08.08.2012 05:10 AM El desprecio del jefe de gobierno llega a tales extremos que, incluso, niega groseramente las entrevistas que le plantean los medios de comunicación social
Desde Carúpano.- En los países democráticos es casi una regla, un mandato ineludible, que las contiendas electorales en las que se resuelve el cambio legal de gobierno se enfrenten personal y públicamente ante el país los dos principales candidatos por intermedio de algún órgano de comunicación social.
Por regla general, los dos más poderosos aspirantes a la conquista del poder, el que representa al gobierno y el que representa a la oposición, no solamente exponen y ofrecen sus respectivos programas de gobierno, lo que se proponen hacer desde la jefatura principal de la administración pública, uno frente al otro, de manera que confronten y contrasten sus proyectos, sino que hasta participan terceros en esos debates.
En la presente circunstancia, en nuestro país se ha vuelto hoy imposible lograr que el candidato del gobierno “bolivariano, revolucionario y socialista” -e inepto, militarista y corrupto- acceda a la realización de ese público debate. Ha alegado mil y un argumentos, hasta el de la descalificación intelectual insolente de Henrique Capriles Radonski, vocero de las mayorías del pueblo democrático, como lo demuestran los actos públicos y las adhesiones multitudinarias.
De mil y una maneras ha reclamado la opinión pública la realización y divulgación de ese debate de los principales aspirantes al triunfo en las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre. Siempre hay una excusa y, por lo general, grosera, insolente, vulgar.
El jefe de gobierno “bolivariano, revolucionario y socialista” -e inepto, militarista y corrupto- decide y actúa en esta materia según las mismas prácticas personalistas y excluyentes que guían su ya sobradamente conocida conducta personal. Para eso dispone de los medios de comunicación oficiales en los cuales súper abusa de su poder dictatorialista y de la incondicionalidad repulsiva de los restantes poderes públicos.
El desprecio del jefe de gobierno “bolivariano, revolucionario y socialista” -e inepto, militarista y corrupto- llega a tales extremos que, incluso, niega groseramente las entrevistas que le plantean los medios de comunicación social y los periodistas independientes o adversos a su gestión. El jefe de gobierno “bolivariano, revolucionario y socialista” -e inepto, militarista y corrupto- sólo declara a los periodistas y para los medios que él decide. Y hasta parece que decide qué ha de preguntársele, cuáles asuntos serán objeto de la entrevista.
De esta manera, el país entero desconoce, en realidad, cuáles son los verdaderos propósitos que, para aspirar a la reelección, tiene el jefe de gobierno “bolivariano, revolucionario y socialista” -e inepto, militarista y corrupto. Tiene que conformarse con apelar a su propia y exclusiva vocería, o apelar, con dudas, a algunos de sus subalternos -ministros, funcionarios, dirigentes del partido oficialista-.
¡Palo de democracia la que encabeza este Presidente!

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