Puerto La Cruz, miércoles 22 de mayo de 2013
Empieza el Ramadán
18.07.2012 05:05 AM El Islam está enfermo, como lo reconoce un autor musulmán, escritor y crítico conocido, nacido en Túnez (Abdelwahab Meddeb). ¡Qué lástima!
Caracas.- ¡Qué difícil es, ciertamente, emitir un juicio ponderado, justo, abierto, sobre el Islam de hoy! Lo conocemos tan mal. El Islam, en sus defectos reales, no siempre nos ayuda. Pero tampoco le permitimos expresar lo mejor de su ser.
El Islam “está enfermo”, como lo reconoce un autor musulmán, escritor y crítico conocido, nacido en Túnez (Abdelwahab Meddeb). ¡Qué lástima!. Pues, ¡de cuántas glorias culturales y místicas no puede ufanarse el Islam en su historia de catorce siglos!.
Para entender la génesis de esta enfermedad, hay que remontarse lejos en la historia, a la Medina del Profeta (siglo VII), a la ciudad de Bagdad en tiempos de los Abasidas (del siglo VIII al siglo XIII), a la historia de Damas especialmente en el siglo XIV, a la Arabia Saudita del siglo XVIII… Esto, para las causas internas.
En cuanto a las causas externas, la “enfermedad del Islam” tiene dramáticamente que ver con su relación de fraternidad fallida con el Occidente cristiano. Los cristianos inauguraron – por razón política y fe mal entendida – un ciclo inconcluso de hostilidad hacia el Islam. Inicialmente, fue el tiempo execrable de las cruzadas, pues el Dios de los cristianos supuestamente necesitaba la muerte de los infieles.
Y después fue el encuentro o desencuentro con las potencias políticas europeas, hasta el colmo por excelencia de “la impunidad y la injusticia: el norteamericano de los últimos sesenta años” (Meddeb). ¡Injusta suerte! Los musulmanes han cometido el “gravísimo error” de estar habitando espacios que contienen recursos mineros codiciados por un Occidente derrochador.
El viernes 20, los musulmanes empiezan un tiempo exigente, mezcla de gran austeridad y clima festivo, el tiempo del Ramadán. Ayuno total, a lo largo del día, desde el alba hasta el inicio de la noche. ¡Nada de comer ni beber, y abstinencia sexual completa!
Lo sorprendente es que este tiempo mensual de ayuno, corresponde frecuentemente con un reencuentro entre gente y gente. La austeridad une a las personas, y la ruptura nocturna del ayuno de cada día es motivo de alegrías compartidas. Por supuesto, no pocos se someten por solidaridad o conformismo a esta práctica socialmente obligatoria.
Pero muchos la respetan con sincera convicción: Ramadán es también el mes en el que el hambre – ¡real! – recuerda a los pudientes la existencia de los más pobres y la solidaridad para con ellos.
En ciertos ambientes, no es raro que los notables tengan mesa abierta, por la noche, para recibir a vecinos e indigentes. Cansancio compartido, sentido de la humilde obediencia, atmósfera de fiesta nocturna, tiempo especial de oración, proximidad mística de Dios… ¿Cómo no lamentar que la inmensa mayoría de los cristianos – y especialmente los católicos – hayan ido perdiendo la sincera voluntad y el sentido comunitario indispensables para la práctica de tales valores muy poco “modernos”?..
Pero “mañana” los volveremos a descubrir, aun en forma alegremente laica, es decir, no religiosa; pues el afán desmedido, el hambre insatisfecha de consumo nos están matando, y tarde o temprano tendremos que volver – aun laicamente – a mayor sencillez de vida.

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