Puerto La Cruz, miércoles 22 de mayo de 2013
Hace 50 años, Vaticano II
19.09.2012 05:10 AM Se necesitaba un papa humilde para tener la audacia de una convocatoria tres meses después de su propio nombramiento a la sede de Roma
Desde Caracas.- Casi 2.500 obispos, hablando todos los idiomas del mundo, representando pueblos y culturas de toda nuestra esfera, hicieron su entrada solemne y colorada en la basílica San Pedro de Roma. Por primera vez en la historia, los católicos pudieron tomar la medida de su “catolicidad”–diversidad universal. Junto con ellos, muchos observadores protestantes, anglicanos, ortodoxos, de otras religiones, y aun ateos, entraron en esta inmensa nave católica. Esto fue el 11 de octubre del año 1962: hace 50 años. Todos se reunían con la misión grandiosa de contribuir al rejuvenecimiento de la Iglesia. ¡Momento extraordinario, en el que triunfaba el sentido de fraternidad! La perspectiva de la unidad se hacía de nuevo posible, después de siglos de divisiones, cruzadas, violencias mutuas e incomprensiones profundas. Este fue el momento más memorable de la Iglesia de todo el siglo XX. ¿Su principal artífice humano? Portavoz excepcional de Dios, sin duda ninguna, fue el buen papa Juan XXIII.
Se necesitaba un papa humilde para tener la audacia de una convocatoria tres meses después de su propio nombramiento a la sede de Roma. Este sorprendente acto de fe, en los inicios, estuvo lejos de hacer la unanimidad de los cardenales de la Curia romana. ¡Y es que la esperanza no era la virtud más notable de los augustos purpurados!
El breve pontificado de Juan XXIII – no duró cinco años – fue el más singular de los pontificados del siglo XX. Permitió que se expresara de nuevo el Espíritu de Pentecostés en la Iglesia. Dio el tono de la esperanza. En el discurso de inauguración del Concilio, el Papa dijo lo siguiente: “Muchos son los que, en la sociedad moderna, no ven otra cosa que prevaricación y ruina. Dicen y repiten que nuestra hora, en comparación con las pasadas, ha empeorado, y así se comportan como quienes nada tienen que aprender de la historia, la cual sigue siendo maestra de la vida… Nos parece necesario decir que disentimos de esos profetas de calamidades”. Pocos meses después, a comienzos de junio del 1963, se apagaba ese hombre valiente y generoso, que la historia ha aceptado nombrar “el Papa bueno”.
Vaticano II, Concilio de la “ puesta al día” (“aggiornamiento”) de la Iglesia, fue un Concilio trasparente: la discusión fue abierta y ardiente entre todas las tendencias; un Concilio democrático, en el que todos tuvieron el derecho a la palabra, donde los documentos fueron discutidos hasta el final y votados sin “maletinazos”; y un Concilio pastoral, es decir, llevó sobre el mundo, los demás cristianos, los demás creyentes e increyentes, y sobre la misma Iglesia, una mirada nueva, llena de esperanza, misericordia y generosidad.
¿A qué se debe que el esfuerzo iniciado con valentía y concluido con gran fe y esperanza en el año 1965, fuera troncado en las décadas siguientes, es decir, en la actualidad? El más insigne teólogo católico de la época, el jesuita Karl Rahner, ya anunciaba en el mismo año de su muerte (1984): “Después de haber conocido su primavera, la Iglesia ha entrado en un tiempo de invierno que se va a prolongar”. Es cierto: algo hoy está trancado en la Iglesia Católica. Sacerdote católico.

[!] Lea atentamente
Recuerde nuestra política de publicación de comentarios: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.