Puerto La Cruz, martes 21 de mayo de 2013
La caldera del diablo
23.09.2012 05:30 AM Hay que continuar civilizando la política como todas las actividades humanas, como el deporte, el amor o la cortesía.
Desde Caracas.- Desde mis profanos conocimientos de derecho, y en la convicción o creencia de haber aprendido bien las lecciones, me atrevo a afirmar que el diputado Juan Carlos Caldera no cometió delito, al menos no se infiere del contenido del video burda e ilegalmente montado. Desde luego, no faltó en la amañada grabación todo el dolo que cabía para afectar intereses ajenos, precisamente en tiempos de campaña electoral.
Quizá haya sido una bolsería, por decir lo menos, reunirse con personas, afectas o no al gobierno de turno, pero que en todo caso han venido siendo cuestionadas. Se impone aquí aquello de “dime con quién andas (o te reúnes o a quién le pides) y podrán decirte quién eres”.
O un error político gigante, como me decía una analista amiga, “no se junta uno con indeseables cuando no lo eres”. Y en política, el susodicho debe saberlo, ese error le ha costado y le costará en su carrera política, si decide continuarla.
Digno de destacar ha sido la decisión asumida por el candidato Henrique Capriles, al separar del proyecto político al diputado de marras y de su vocería ante el CNE. Mucha falta hacía contemplar con agrado una medida de ese calibre ante el error de algún conmilitante. ¡Buen augurio!
Si reunirse fue un error, bolsería o torpeza, queda claro todo cuanto es capaz de hacer aquel que quiere mandar a todo trance. Pudiera resultar difícil creer, pero no imposible, menos cuando existe una evidencia (aunque fraguada por pillos y malechores) a la vista de todos.
Insisto, sea “pendejo”, “agallúo”, “bolsa” hasta “traidor”, todo se conjuga en enorme error que en política se paga, pero delito, como pretende hacer ver y demostrar en juicio el poseso rojo, -reitero- no hay.
El delito fue cometido por particulares, quizá con la anuencia de líder rojo, interesado en sacar provecho político a la grabación. No sólo trapos y cortinas, también videos con voces infernales incluidas.
En el caso concreto, salta a la vista la manipulación y el dolo de quien grabaría para dejar constancia de un supuesto delito, de ilícito electoral, o sencillamente, de un acto antiético. No se desconoce la torpeza del interviniente, pues no caben ingenuidades en política; pero llevarlo a juicio no, pues no ha habido delito.
De modo que el caso – que repruebo- ya debe estar en estudio de su partido político.
El diputado, en gesto de valentía y dignidad política, se ha desprendido de su inmunidad para facilitar el camino de las investigaciones que pintan rojo. Ojalá viésemos gestos similares en otras toldas bañadas de pillería y corrupción, pero soñar no cuesta.
Comprendo a cabalidad el enojo y la apreciación de muchos que han visto en este episodio una desagradable desazón, un desaliento, o tal vez la bendita consecuencia de echarle la culpa a la política –no a los pulpiticos- de sus errores, omisiones y desaciertos.
Hay que continuar civilizando la política como todas las actividades humanas, como el deporte, el amor o la cortesía.
Hay que enfriar a los fanáticos que aprendieron una sola consigna, se cristalizan en un sólo eslogan y no se afanarán en comprender y discutir lo distinto para que no se les quebrante su único y desesperado esquema.
Sin más vueltas, sabemos quién desgobierna y pretende continuar hasta su fin, y esa realidad la podemos cambiar –la vamos a cambiar- en una fecha cercana.

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