Puerto La Cruz, lunes 20 de mayo de 2013
La calle está dura
27.07.2012 08:00 AM Ya les dije que no es fácil que me rinda en mi propósito, así que lo intenté nuevamente, esta vez con un negocio de comida rápida
Desde Puerto La Cruz.- Para nadie es un secreto que la economía actual no nos favorece. Por ello me decidí a salir a la calle a buscar el sustento, pues veía que mis ingresos trabajando como empleado no me alcanzaban para todos los gastos. Cada quincena tenía que ver la manera de estirar los reales, y en la mayoría de los casos optaba por el azar para decidir qué servicio pagar a final de mes, y no siempre me favorecía la elección, porque cuando no era la luz, era el agua, si no el alquiler o el colegio, hasta que tomé la decisión final.
En principio, opté por poner mi carrito de taxi y me dispuse a buscar mis primeros clientes en la calle. Como en todo servicio, había muy buenos clientes por una parte, pero por otro lado me tocaron clientes bastante remolones y quisquillosos. Entre estos últimos destacaba una señora que me contrató para hacer el transporte escolar de sus hijos por las mañanas. Todo iba muy bien, hasta que el asunto del transporte se convirtió en algo bastante más complicado, porque varias veces me tocó ir a las reuniones de padres y representantes, recoger las boletas, y hasta ir a los actos de fin de curso. La cosa llegó al colmo cuando tuve que quedarme una noche para ayudar a hacerles la tarea a los muchachos.
Como no me rindo tan fácilmente, analicé otras posibilidades y vi un campo interesante en los bienes raíces. Me hice entonces con una importante cartera de inmuebles a la venta. Acerté, pues inmediatamente tuve un potencial cliente que se interesó en la compra de varios de los apartamentos y terrenos bajo mi responsabilidad. Fue una relación comercial muy satisfactoria, pues esta persona hizo fuertes inversiones inmobiliarias, garantizadas con cartas de crédito de bancos del exterior. Ya me frotaba las manos esperando las magníficas comisiones que cada venta me reportaba, hasta que un día me llegó una citación de un juzgado para declarar como presunto indiciado en un juicio por lavado de dinero, donde el principal sospechoso era el que yo pensaba que era mi cliente estrella.
Ya les dije que no es fácil que me rinda en mi propósito, así que lo intenté nuevamente, esta vez con un negocio de comida rápida. Alquilé un trailer con todos los útiles necesarios y me ubiqué en una calle céntrica de la ciudad. Todo comienzo es difícil, pero con el tiempo, mi trailer se hizo muy conocido y en las noches era común que se formaran colas formidables delante del mostrador, hasta el punto de tener que repartir números para poner algo de orden en los pedidos. Solo que un día, hubo en la ciudad un corte general de agua, lo que nos obligó a racionarla en el negocio.
Pienso que fue una mala idea, pues casi inmediatamente se desencadenó una intoxicación masiva entre los clientes que terminó con la aparición de los bomberos, paramédicos, ambulancias, y hasta hubo unos reporteros que filmaron en vivo y directo la actuación de una brigada de salud pública que nos cerró el negocio ipso facto. Pero no pierdo la fe, los reales ya están hechos, sólo hay que salir a buscarlos.

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