Puerto La Cruz, jueves 23 de mayo de 2013
La lengua también mata
15.07.2012 11:19 AM La historia registra a fanáticos como Hitler, cuyo legado se tradujo en millones de muertos, no solo de los perseguidos, de los neutrales, también de sus seguidores y esbirros.
Puerto La Cruz.- Decíamos en ocasión anterior, que no es necesario empuñar un arma para matar a una persona, también existe la muerte espiritual, esa que se consigue por imitar a aquellos personajes que por su popularidad y carisma inducen a sus seguidores a practicar el mal.
La historia registra a fanáticos como Hitler, cuyo legado se tradujo en millones de muertos, no solo de los perseguidos, de los neutrales, también de sus seguidores y esbirros.
Este fenómeno se consigue en todos los ámbitos de la vida: artistas, funcionarios públicos, líderes religiosos.
Entre los “puñales” de la lengua, el más común es el chisme, y no es el único, aquí entran también las mentiras, las calumnias, las críticas, las palabras ásperas, los insultos, el sarcasmo y la ridiculización, en general cualquier forma de hablar que hiera a otra persona, sea que estemos hablando con ella o de ella, constituye un pecado de la lengua.
Algunos dirán “¡Ya!.....ya empezó este tipo a hablar de Dios y del pecado!”….¡sí!...¿por qué no? ¡si la mayoría de los ciudadanos de este país dicen creer en Dios y ser cristianos!, por ello es bueno hablar del pecado, y si alguien se sintiere aludido, me perdona, pero le recuerdo que me remito a hablar del pecado y no del pecador, así es que si “las piedras caen en su tejado”, le sugiero que medite sobre sus declaraciones sobre Dios y cristianismo, pues si no practica lo que dice creer, sencillamente debe cambiar su actual actividad o profesión por la de fariseo.
Jesucristo nos advirtió “que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:36). Por otro lado, Santiago escribió en su epístola “Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (3:6). Debemos erradicar de nuestro lenguaje toda palabra que destruya a otra persona.
Hermanada al chisme está la calumnia, que no es otra cosa que declarar algo falso o malinterpretar algo acerca de una persona con el propósito de difamarla o ensuciar su reputación.
Esto sucede con regularidad en las campañas políticas, pues suele suceder que se calumnie a los opositores adjudicándoles una postura basada en declaraciones fuera de contexto, tiempo o editadas con el fin de manipularla en el presente, así el hecho haya ocurrido hace mucho.
No sólo se peca por “decir algo de alguien”, también se hace por la forma de expresarse sobre otros, el hablar pecaminoso incluye las palabras ásperas, sarcasmos, insultos y poner el ridículo a los demás, el común denominador de todas esta formas negativas de hablar es que están destinadas a rebajar, humillar y herir a la gente.
Detrás de cada chisme, calumnia crítica, insulto o sarcasmo, está un corazón lleno de pecado, “porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). La lengua es tan sólo el instrumento que permite ver lo que alberga el corazón.

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