Puerto La Cruz, viernes 24 de mayo de 2013
La Viena de los llanos
17.08.2012 07:02 AM Para empezar, el matatigre metido a redactor de viajes rara vez conoce a plenitud los paisajes descritos en sus trabajos divulgativos
Desde Caracas.- En tiempos de crisis cada quien alquila lo que puede. El agraciado cotiza sus acciones en el mundo glamoroso del modelaje y el fortachón reclama para sí la dura faena de la bestia. El técnico desempleado improvisa un emprendimiento para ser contratado como empresario; mientras que el intelectual tasa sus múltiples saberes detrás del parapeto de una firma asesora.
Pero en el caso de aquellos seres cuya única y discutible habilidad consiste en colocar una palabra tras otra, ¿qué demonios es lo que puede alquilarse? Me digo que la prosa y prorrumpo en llanto, porque es imposible servir a dos amos; en particular cuando uno de ellos está obsesionado por la verdad (el periodismo) y el otro por la persuasión y el ocultamiento (la comunicación institucional y las relaciones públicas).
Muchos autores, no todos adscritos al movimiento de la nueva era, han llamado la atención sobre el carácter performativo del lenguaje, de ese poder inexplicable que tiene el verbo para crear, pronunciado o escrito, nuevas realidades. Releo lo anterior y no puedo evitar sentir siento cierto remordimiento por el mundo que lamentablemente contribuí a crear cuando, por vicisitudes de la prosa mercenaria, me vi obligado a trabajar de guionista de un programa de turismo.
En ciertas latitudes geográficas, la guía de turismo representa, más que un género literario, un catálogo de fotos y publicidad engañosa. Para empezar, el matatigre metido a redactor de viajes rara vez conoce a plenitud los paisajes descritos en sus trabajos divulgativos. Por lo general, su presencia en el lugar se debe a la invitación de una corporación regional de turismo que, prevalida de su auspicio, designa un equipo de cicerones que tienen como verdadera función evitar que nadie se salga del circuito turístico oficial; una circunstancia a la que debemos agregar el deseo humano, demasiado humano, de ahorrarse los reales de la partida de viáticos.
Arranca de este modo la ímproba tarea de sublimar un peladero de chivo hasta el punto de transmutarlo en el destino turístico más codiciado por los temporadistas de todo el orbe. Para la comisión de tal fraude, la prosa mercenaria se vale de las comparaciones más desquiciadas; de suerte que allí, donde apenas se vislumbra, siete montoncitos de tierra, el equipo de la guía de turismo se las ingenia para divisar “la Roma de América”, y allá donde las aguas aniegan calles y residencias se yergue triunfal, ¡oh sorpresa!, “la Venecia de los Andes”. Y si por casualidad se encuentran con cuatro toros afuera de un redil no dan con mejor idea que referirse a “los sanfermines venezolanos”, con todo y chupinazo.
En verdad os digo que no hay hueco, escombro o plaza abandonada que consiga amainar el arrebato inspirador de los poetas del barranco, de los cronistas del zanjón. Un in crescendo de delirio nacionalista que solo termina cuando el turista burlado pasea su indignación por todo aquel tierrero y exclama molesto: “¡Pero si esta es “la Viena de los llanos”, qué carajo hago yo enfermo de dengue, metido en un hospital sin medicamentos y atendido por médicos cubanos!”.

[!] Lea atentamente
Recuerde nuestra política de publicación de comentarios: Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de las sanciones legales que correspondan. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar.