Puerto La Cruz, sábado 18 de mayo de 2013
La violencia gubernamental
18.07.2012 05:15 AM Durante ene veces, desde entonces hasta hoy, el candidato de la oposición democrática y sus seguidores han sido agredidos hasta con armas oficiales en diferentes lugares
Carúpano.- Apenas iniciado oficialmente el proceso que culminará con la elección del próximo Presidente de la República, el país ha sido brutal y salvajemente remolcado por la agresión al candidato de la oposición, Henrique Capriles Radonski, para impedirle, a la macha, la realización cívica y civil de su campaña.
Durante ene veces, desde entonces hasta hoy, el candidato de la oposición democrática y sus seguidores han sido agredidos hasta con armas oficiales en diferentes lugares del país por las milicias rojo-rojitas y por los cuerpos policiales, los guardias nacionales, el ejército y otros organismos del gobierno “bolivariano, revolucionario y socialista” -e inepto, militarista y corrupto-.
La última agresión gubernamental contra el candidato opositor de la que se tiene noticia ocurrió en la parroquia La Vega, en Caracas. Durante la misma fue necesaria la intervención de la concurrencia opositora para impedir que el propio Capriles Radonski fuera herido personalmente por la furia primitiva de la violencia gubernamental.
Hechos semejantes han venido ocurriendo en todo el territorio nacional, con abierta y pública actuación de las fuerzas policiales y militares y las milicias rojo-rojitas, también armadas por el gobierno “bolivariano”.
En Bolívar, en Mérida, en Zulia, en Apure, en Monagas, en Nueva Esparta, en Falcón. El gobierno no solamente no niega la dirección y la ejecución de tal empresa de violencia brutal nacional contra sus adversarios, sino que hasta se pavonea de dirigirla y ejecutarla.
Es que, por absoluta carencia de ideas, de juicios, de argumentos, el gobierno “bolivariano” sólo tiene a la mano la fuerza para imponerse, para someter y subyugar al país. Ignorante, inmoral, su básica y exclusiva formación militarista lo conduce siempre al uso de la violencia para imponerse al país, al pueblo que mayoritariamente e irreversiblemente lo adversa.
Es ejemplarizante. En estos días el candidato de la oposición ha invitado reiteradamente a su adversario, al jefe del gobierno a debatir públicamente ante el país sobre los más agudos problemas nacionales y sobre los caminos, las ideas, los juicios y los argumentos que deberían escogerse y ejecutarse conscientemente para enfrentar y resolver exitosamente aquellos problemas.
Y ¿cuál ha sido la respuesta inmediata del jefe de gobierno “bolivariano, revolucionario y socialista” -e inepto, militarista y corrupto? No precisamente la del estadista, la del ciudadano identificado plena y conscientemente con su país y con su pueblo, sino la del militarista impenitente, la del funcionario servil que gasta los dineros públicos en la compra de armas, mientras las universidades se desmoronan por la falta de recursos, y los hospitales se cierran, se clausuran las escuelas, se destruyen las vías comunicacionales, se multiplica la pobreza popular, se quiebra la producción nacional, y el país es esclavizado por la importación de alimentos y de medicinas, rumbo a la quiebra general.
Allí se encuentra toda la explicación de la primitiva violencia gubernamental, a la que apela cotidianamente el gobierno bolivariano para justificar su absoluta ignorancia y su primitivismo guerrerista.

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