Puerto La Cruz, sábado 25 de mayo de 2013
Refugiados abstenerse
20.06.2012 05:11 AM En la Secretaría de Inmigración alegan preocupación e inclusive indignación. Reconocen, además, que no hay ningún lugar donde se recoja este tipo de denuncias
Caracas.- Decenas de anuncios de alquileres, en la prensa española, vetan explícitamente a los extranjeros. Sudacos, africanos, musulmanes y otros bárbaros. Con toda naturalidad.
En la Secretaría de Inmigración alegan “preocupación” e inclusive “indignación”. Reconocen, además, que “no hay ningún lugar donde se recoja este tipo de denuncias y discriminaciones”.
Pero no se tome tal emoción demasiado en serio: en España como en la casi totalidad de los países de Europa de hoy, la tendencia xenófoba es dura y diaria.
Discriminación y racismo están a la orden del día, en esos países que no tuvieron tanto empacho para invadir el nuevo mundo hace cinco siglos. Ni permiso solicitaron aquí para robar y matar a mansalva.
Desde el punto de vista de la ética más elemental, tal intolerancia es intolerable; ella sella el fracaso de la humanidad en regularizar la convivencia.
Lo peor es que, lo hemos dicho, el mismo espíritu de exclusión tiende a generalizarse. La crisis económica que afecta al viejo continente exacerba su egoísmo. Mientras en América Latina tendemos a reorientar la vida social y política hacia un compartir más generalizado, el cambio toma, en ciertos países ricos, un giro decidido hacia la derecha y, de vez en cuando, coquetea con el fascismo más descarado.
Países como Israel, en su entorno geográfico, o España frente a sus nuevos “invasores”, o Francia e Italia, que con los dos ex-presidentes han pretendido blindar sus fronteras, extienden la misma práctica de exclusión.
La caída del muro de Berlín, que fue saludada con alborozo en el mundo llamado “libre” hace veintitrés años, fue motivo de alegría efímera.
Ahora, los mismísimos Estados Unidos, precedidos por los Israelitas, excelentes maestros de la convicción armada, vuelven a levantar muros mucho más sofisticados, al lado de los cuales fue trabajo de niño el muro del mundo comunista. Duro revés para el proyecto de democracia, y grave fallo también para la evangelización cristiana. ¿Dónde está la fraternidad? ¿Dónde, la utopía de justicia universal? ¿Dónde, el evangelio de comunión?
Hoy se celebra el Día Mundial de los Refugiados. Ciertamente, a nivel político y social el problema de los refugiados – no idéntico al problema de los “inmigrantes”, aun cuando tiene mucho que ver con este – es de resolución difícil.
Cada país tiene el derecho de proteger a su propia población, sin olvidarse de una solidaridad más extensa. Los venezolanos estamos bien ubicados para entenderlo.
Es moralmente refrescante constatar la humilde generosidad de Venezuela, cuya población sigue acogiendo a cinco millones de hermanos colombianos, maltratados por la guerra y la miseria en su país natal; sin contar la afluencia de otros nacionales. Insisto: se trata de la hospitalidad de la población venezolana, de espíritu espontáneamente generoso, y dispuesto a admitir que “donde hay para dos, alcanza para tres”.
Pero otra cosa es la de constatar que esta apertura corresponde a un fenómeno en gran medida incontrolado: por inercia, por inconsciencia, a pesar del aparato legal disponible, la autoridad nacional parece haber perdido el control sobre refugiados e inmigrantes.

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