Puerto La Cruz, jueves 23 de mayo de 2013
Somos libres, pero no independientes
07.08.2012 05:05 AM Pretender que somos libres porque tenemos unos aviones, y tanques y fusiles rusos, es olvidar lo que le pasó a Hussein en Irak, a Mubarak en Egipto y a Gadafi en Libia.
Desde Lechería.- Cuando Chávez grita por televisión, con tanta rabia y amargura, que ¡somos libres!, hay quienes lo ven como que no está muy convencido de eso, ya que su rostro refleja una angustia profunda, la de un deseo que no cuadra con la realidad, pues de qué nos sirve que algunos instrumentos de dominación yanqui hayan pasado a otras manos, más extrañas y codiciosas que las del imperio. ¿Cuáles son las ventajas de pasar de una dominación americana a otra asiática? ¿Qué gracia tiene que la supuesta libertad actual esté respaldada con fusiles, tanques y aviones rusos, o de otros armamentos fabricados en China? Esos falsos sueños de libertad se dibujan muy bien en la sonrisita diplomática de los chinos y en el semblante rígido y señorial de los rusos, pues saben que estamos hundidos en cuantiosas deudas que sólo sirven para producir intereses y más endeudamiento.
Ese endeudamiento innecesario y perjudicial es motivo de serias preocupaciones en la población, porque realmente pone en peligro la tan cacareada soberanía nacional, pues llegado el momento tendremos que pagar, por las buenas o por las malas. Es una ley universal que se cumple entre hombres y entre naciones, desde que el mundo es mundo. Y hasta en los templos religiosos se aplica el dicho “juégate con el santo, pero no te metas con la limosna”. Y es que los comerciantes no regalan su trabajo ni el fruto de sus esfuerzos y sabiduría. La hermandad fingida durará mientras les seamos útiles.
¿Qué independientes vamos a ser si todo lo que nos rodea es hecho, total o parcialmente, en el extranjero: carros, motos, aviones, barcos, bolígrafos, computadoras, teléfonos, cables, bombillos, plantas eléctricas, la plancha, el televisor, etc? Y lo que se dice “Hecho en Venezuela” es sólo ensamblado y armado, según el modelo original; y cuando no llegan los repuestos, ni los aparatos especiales, caemos en un estado de frustración e impotencia doloroso, lo cual demuestra una clara y real dependencia. Duele decirlo y, más aún, aceptarlo.
Pero lo más chocante es que muchas de esas cosas, incluyendo alimentos, pueden ser producidas en nuestra tierra, con nuestras propias manos, y con nuestro propio talento, que sí lo tenemos. Así que no es cierto que somos libres de un todo, pues salta a la vista que carecemos de independencia económica y tecnológica; somos esclavos de las grandes fábricas extranjeras, y la fachada de progreso y civilización que exhibimos no es autóctona sino comprada. Y el Presidente lo sabe porque hasta lo ha sufrido en carne propia, y esa quizás sea la causa de su amargura. Esa es la angustia de Chávez, la de saber que la lucha por la independencia no ha terminado, porque nos falta conquistar la cultura científica y tecnológica que bien nos merecemos.
Pretender que somos libres porque tenemos unos aviones, y tanques y fusiles rusos, es olvidar lo que le pasó a Hussein en Irak, a Mubarak en Egipto y a Gadafi en Libia. Lo sabio y sensato es incorporarnos al coro de las naciones en desarrollo, sin aspavientos ni provocaciones inútiles, para que nos hagamos respetar inteligentemente, como se demostró en las décadas democráticas.

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