Puerto La Cruz, viernes 24 de mayo de 2013
Un líder desarmado
18.09.2012 05:25 AM La educación no sólo es enseñar números, también es enseñar normas de buen ciudadano, civismo e historia patria y darle tanta importancia a esta como a las matemáticas
Desde Puerto La Cruz.- Como vía obligada para regresar a mi casa o ir al mercado municipal tengo que pasar diariamente por el Paseo Miranda, también llamada Avenida Constitución, en Puerto La Cruz, y desde hace varios años he observado cómo la estatua del Precursor, Generalísimo Don Francisco de Miranda fue profanada por manos de desadaptados.
Le robaron la espada a ese ilustre venezolano, generador de la causa libertadora y de nuestra verdadera, única y real independencia.
Es símbolo patriótico de la que realmente usó en tierras extranjeras en muchos combates reales junto a Napoleón, sin esconderse nunca en un museo militar, sino estando en el frente de batalla sin abandonar a sus soldados.
Lamentablemente esa espada nunca pudo usarla en nuestro país para ayudar a la causa libertadora, además que fueron mal interpretadas sus ideas independentistas, incluso por el Libertador, quien fue uno de sus captores, al momento de su detención, para terminar sus días en la prisión de La Carraca, en Cádiz.
Igualmente le han sido arrancadas de su pedestal las letras de bronce que lo identificaban.
Resulta muy triste si se compara esta realidad con la de nuestros países bolivarianos. Es admirable visitar la plaza Bolívar de Bogotá y compararla con la de nuestra Caracas. Igualmente la plaza Sucre en Lima, así como en Bolivia y Ecuador.
En estos países los monumentos históricos son conservados con reverencia y hasta el más humilde campesino sabe quiénes fueron su héroes durante la guerra de Independencia y les guardan respeto y veneración.
En nuestro país, nuestro sistema educacional ha caído tan bajo que cualquier joven profesional universitario ignora que Sucre nació en Cumaná y que Páez nació en la población de Curpa, cerca de Acarigua, estado Portuguesa, así como la fecha de nacimiento del Libertador y me atrevería a afirmar que más de 80% de los maestros actuales tampoco lo sabe.
Entonces, ¿cómo pueden impartir enseñanza si no conocen la historia patria?
Lo de la espada de Miranda es precisamente reflejo de este hecho. Los vándalos que la robaron, al igual que las letras de bronce en su pedestal, ignoran quién fue Miranda y qué hizo por nuestro país.
Jamás sabrán que el pabellón nacional o bandera fue izado por primera vez gracias a este gran hombre y mucho menos sabrán que el buque donde él arribó por las costas de Coro se llamaba Leander, porque si alguna vez fueron a la escuela, tampoco sus maestros lo sabían o no se lo enseñaron.
Es comprensible que gente no instruida cometa estos actos vandálicos, al igual que quienes por su ignorancia llevaron a Cristo a la cruz.
Mucha de esa gente iletrada, cuyos errores ortográficos los vemos a menudo en las vallas oficiales de alguna obra pública donde escriben “licitasión” por licitación, está hoy en todo tipo de cargo público, así como también muchos otros de igual condición, intentando colocarse a la sombra del poder. ¿Qué podemos esperar?
Pero lo más triste es que las autoridades municipales locales saben de este hecho, pues está a la vista de todos y en más de 10 años no han querido reponer este símbolo de patriotismo. Han sido negligentes e indiferentes ante el daño al patrimonio histórico nacional .
Si no amamos la historia patria y sus símbolos, no podemos amar al país, y este se hundirá más en la ignorancia y la incultura. Se hace necesario evaluar periódicamente a nuestros maestros para que a su vez transmitan el mensaje a sus discípulos, quienes serán mañana los gerentes del país.
La educación no sólo es enseñar números, también es enseñar normas de buen ciudadano, civismo e historia patria y darle tanta importancia a esta como a las matemáticas, física u otras ciencias.
Si nuestros ciudadanos no conocen su historia patria, por muy brillantes profesionales que sean, siempre serán ciudadanos de segunda viviendo en su propio país.

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