Puerto La Cruz, domingo 19 de mayo de 2013
Un nuevo 23 de Enero
17.07.2012 05:15 AM La gente detesta que la quieran comprar, el bravo pueblo está cansado de oír los mismos discursos, ofrecimientos y embustes
Lechería.- Cuando se completen los tres 7 que faltan: el de agosto, el de septiembre y, por fin, el 7 de octubre, se va a producir espontáneamente un gran fiestón nacional, muy parecido por cierto al feliz 23 de Enero del 58, cuando se vino al suelo la feroz dictadura perejimenista, la arrogante y bárbara autocracia que mantenía oprimido y aterrorizado al pueblo venezolano; pero también porque permitió la apertura y disfrute del gobierno democrático y representativo, liberal y progresista, que aún con sus tropiezos y altibajos, y pocos recursos financieros, emprendió la solución de muchos problemas que aquejaban al país; dejando el grato recuerdo de la transformación de una población rural en una sociedad moderna, civilizada y culta, atendida en la medida de las posibilidades, en todos los servicios públicos, tanto en las ciudades como en los campos.
La Venezuela democrática se recuerda actualmente como la de la alternancia política con participación total de amigos y enemigos del sistema, la de la nacionalización de la industria petrolera sin necesidad de pelearse con el principal comprador, la que creó y fomentó las poderosas industrias básicas del hierro y el aluminio en Ciudad Guayana, la que construyó la imponente represa El Guri y puso en marcha el admirable sistema hidroeléctrico del Caroní, la que siempre mantuvo el abastecimiento de los productos de la dieta diaria que hoy en día se están importando, como el arroz, el café, los pollos, las hortalizas, las caraotas, la carne de ganado y las frutas criollas de mayor consumo; la que construyó miles de viviendas rurales para sustituir los insalubres ranchos de los campesinos, además de cientos de kilómetros de vialidad rural; la que inauguró muchísimos acueductos en los asentamientos campesinos, al igual que innumerables pequeños y medianos sistemas de riego, todo eso para complementar la democratización de la propiedad de la tierra a favor de los campesinos desposeídos.
Tampoco se olvida que en esos 40 años democráticos se construyeron grandes hospitales y muchísimos dispensarios de salud, así como también liceos y universidades nacionales que, por suerte, aún se mantienen medio funcionando debido a la ineficiencia en la atención y mantenimiento de los mismos y al incumplimiento de los contratos colectivos a favor, tanto del personal médico asistencial, como del profesorado y personal administrativo de esas nobles instituciones y es que la labor de la revolución socialista es tan escuálida y majunche que no logra convencer a nadie.
La gente detesta que la quieran comprar, el bravo pueblo está cansado de oír los mismos discursos, ofrecimientos y embustes. La consigna revolucionaria parece ser: “Vamos a construir, vamos a fabricar, vamos a hacer, vamos a inaugurar”. Vamos, vamos, vamos; pero deseos no empreñan.
Así que hay suficientes motivos para darles su merecida paliza el 7 de octubre, puesto que han despilfarrado un millón de millones de dólares producto de la renta petrolera y, por si fuera poco, han endeudado a Pdvsa como nunca antes en la vida de esa empresa. Después del 7 de octubre se acabarán las odiadas cadenas, porque cadena es símbolo de esclavitud, atropello y miseria… ¡Gloria al bravo pueblo!

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