Puerto La Cruz, lunes 21 de mayo de 2012
Una reforma ineludible
22.02.2012 05:10 AM Píntame angelitos negros...
Desde Caracas.- Hace un año exacto, el papa Benedicto XVI viajó a Alemania, su país natal. No le esperaban solamente filas clamorosas de niños inocentes o monjas beatas. Al contrario: casi doscientos sacerdotes y especialistas de la fe le entregaron un documento con el título: “Iglesia: una reforma ineludible”. Y para dar mayor peso aún a este documento cargado de dinamita, sacaron a flote un memorándum del año 1970, firmado por el propio Joseph Ratzinger, brillante y ya famoso teólogo de la época, que invitaba a los obispos alemanes a preguntarse sobre la necesidad del celibato de los sacerdotes. La petición del año pasado llegó un año después de las revelaciones de abusos sexuales que pusieron a la Iglesia alemana en una crisis brutal. Los signatarios de la petición del 2011 estiman que urgen unas reformas profundas en la Iglesia, precedidas por un diálogo abierto y sin tabúes. E insisten: esta es tal vez la última oportunidad previsible de arrancar a la Iglesia de su parálisis y triste papel.
Esta manifestación de casi insubordinación no es una banalidad, en el país que vio nacer a Benedicto XVI. Después de la reforma de Lutero, en el siglo XVI, jamás se había visto cosa parecida. ¿Y quién, medianamente informado, negará que sea urgente suscitar un amplio movimiento de transformaciones en la Católica?
El texto firmado el año pasado se articula en torno a seis puntos. Primero, la necesidad de que los fieles tomen parte activa en la elección de sus obispos y de los curas de parroquia. Las decisiones que se tomen al respecto han de ser transparentes. Además, en vez de crear parroquias de “tamaño XXL” para remediar a la actual escasez de sacerdotes, sería sumamente positivo confiar responsabilidades importantes a los bautizados en el seno de reducidas comunidades. Se necesita la presencia y actividad de hombres y mujeres casados en los servicios sacerdotales.
Para administrar adecuadamente los conflictos en el seno de la Iglesia, habría que permitir a los fieles el ejercicio de sus derechos. Y para respetar la conciencia individual y la capacidad de decisión de cada una y cada uno, sería bien necesario abandonar los mecanismos de exclusión, especialmente para con los que viven un amor responsable y fiel en el seno de parejas homosexuales o de divorciados vueltos a casar.
Por otra parte, “los Doscientos” recuerdan que una moral rigorista y sin compasión no es compatible con el mensaje liberador del evangelio. Finalmente, dicen que las liturgias no se deberían celebrar de manera rígida, sino adaptarse con flexibilidad a la vida concreta de la gente, permitiendo formas de expresión (canto, danza, arte…) de reconocida belleza estética.
Los obispos y el mismo Papa reaccionaron con relativa benevolencia, alegrándose de la apertura de un diálogo sobre el porvenir de la fe y la Iglesia. Sin embargo, ya se sabe que varios puntos tendrán dificultad en ser aceptados. A menos que Benedicto XVI vuelva a encontrar la libertad espiritual de sus años juveniles… Miércoles de cenizas para la Iglesia: ella también está invitada a cambiar de rumbo. También en nuestro país, poco acostumbrado a tales audacias.
Sacerdote católico

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