Puerto La Cruz, domingo 19 de mayo de 2013
El conocimiento y el poder
08.03.2013 05:01 AM Cuando Marx habla de desarrollo de las fuerzas productivas realmente se está refiriendo a la aplicación del conocimiento en la creación de más eficientes instrumentos de producción
Usualmente se oye decir que la dominación actual de unas naciones por otras no se da ya sólo en términos de sus relaciones económicas, sino en función de las diferencias en el conocimiento que poseen y que son capaces de manejar.
Esta afirmación es cierta, sin lugar a dudas, pero uno se pregunta: ¿Cuándo no ha sido de esa manera? Una revisión de la historia de las sociedades humanas nos hace ver que, desde siempre, las sociedades más avanzadas en el conocimiento de la naturaleza, en el dominio de sus fuerzas, en la interpretación de su entorno y en la elaboración de instrumentos de trabajo y de guerra, fueron siempre las que terminaron por imponerse a grupos sociales más atrasados en estos aspectos.
Cuando Marx habla de desarrollo de las fuerzas productivas realmente se está refiriendo a la aplicación del conocimiento en la creación de más eficientes instrumentos de producción, de cultivo, de uso de las riquezas potenciales de las aguas y el subsuelo y hoy, además, de aquéllas presentes en el espacio sideral y en distintos cuerpos celestes. Es el conocimiento lo que ha permitido que el hombre viaje en el espacio terrestre en formas cada vez más colectivas, sofisticadas y rápidas, y estos medios les han dado supremacía a los grupos humanos que los poseen.
El control de las fuerzas de la naturaleza y su puesta al servicio de los seres humanos ha sido fundamental en los procesos de dominación, actuales y pasados.
¿No fue acaso el mayor avance cognoscitivo y tecnológico de los egipcios sobre sus vecinos lo que les garantizó su supremacía? Su dominio de la agricultura, del riego, de la construcción de grandes edificios y ciudades, de su diversa producción material, les permitió ser sociedades muy numerosas, capaces de extenderse y defender grandes territorios, siempre amenazados por las invasiones de grupos menos desarrollados. ¿No fue este avance el que permitió al imperio romano dominar pueblos tan lejanos como el egipcio? Y esa es la historia también de la primacía de incas y aztecas en la América precolombina, así como de las causas de haber sucumbido ante los conquistadores europeos, mucho más avanzados en conocimientos.
Si bien es cierto que la dominación pasó luego, con el desarrollo de la humanidad, a ser principalmente económica, no es menos cierto que la hegemonía económica también está basada en un mayor desarrollo científico y tecnológico. De hecho, lo primero que hacen los pueblos que realmente quieren independencia y soberanía, de manera de ser dueños reales de sus actos y decisiones, es elevar considerablemente la educación de sus miembros y sus capacidades de desempeñar empleo formal de alto nivel y bien remunerado, así como desarrollar ciencia y tecnología en los niveles más avanzados posibles. Es con estas acciones que se comprueba si realmente se quiere dejar el subdesarrollo y la miseria y construir una nueva sociedad, o si el discurso es sólo demagógico y manipulador.

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