Puerto La Cruz, lunes 20 de mayo de 2013
Entre el bien y el mal
24.08.2012 05:30 AM Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. (Mateo 22:21). El propio Jesucristo nos enseñó que es preciso obedecer a la autoridad civil
He vivido la porción más grande de mi vida en Venezuela, cuando la vi por vez primera me impresionó el espectáculo de los cerros de Caracas y sus ranchos, pero lo que más me impactó fue la corrupción, la que para la época tenía hasta apellido de “administrativa”; se la veía como privativa de los empleados públicos, conocí la “matraca” de los fiscales de ingeniería sanitaria y municipal, pero la experiencia que más me golpeó, por el respeto inculcado desde niño, fue la de los fiscales de tránsito y la de la guardia en la autopista regional del centro, aprendí que el problema era mucho más complicado de lo que a primera vista parecía pues la población podía ser dividida en dos fracciones: los que cobraban sobornos y los que pagaban , engendrando la falsa imagen que solo los cobradores eran los inmorales que “obligaban” a esas “pobres victimas” bajo la figura del chantaje.
Hoy tengo clara visión como cristiano de esos pecados vistos como “respetables” por “formar parte del paisaje”, ellos son fieles representantes del llamado “doble estándar”: “como yo no cobro no peco; peca el que cobra”. Muchos son los que se auto proclaman cristianos pero viven una vida apartada de las Escrituras en cuanto a su vida “civil” , se “sienten santos” durante los pocos minutos en la iglesia o en el breve tiempo dedicado a la oración. Sobre nuestro comportamiento ciudadano la Biblia nos dice:
“Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. (Mateo 22:21). El propio Jesucristo nos enseñó que es preciso obedecer a la autoridad civil, pues al fin y al cabo es Dios quien permite su ascenso al poder, los pueblos obedientes escogerán gobernantes piadosos, los pueblos desviados elegirán gobernantes impíos, adoradores de ídolos, brujos y adivinos.
La obediencia a la autoridad civil tiene límite; todo aquel que practique el mal bajo la excusa de “ cumplir órdenes”, invocada por oficiales nazis por asesinar millones de judíos, ni siquiera la ley humana lo exculpa, mucho menos la divina, baste recordar lo manifestado en Hechos 5:29: “”Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres”.
El hombre natural obedece reglas bajo el temor del “garrote”, o sea cual bestia, el hombre espiritual distingue y rechaza el mal eligiendo el bien, el garrote está representado por el castigo, castigo que si ese hombre natural no tiene a la vista, nada le impedirá hacer el mal. Es más fácil actuar como hombre natural; basta con seguir los instintos animales, en cambio obedecer a Dios como Padre y Creador obliga a dominar esos instintos, es una lucha constante y como tal es más difícil.
El señor del mal auspicia al hombre natural y le refuerza su conducta convenciendo al mundo que él no existe y que si llegare a presentarse lo hará con cachos, tridentes y oliendo a azufre, superchería por demás ridícula pero que agregada a que nuestro país el garrote es de seda, por la ausencia de prevención y represión del delito, convierte al mal camino como atractivo.
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos, entonces Yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” 2Crónicas 7:14.

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