Puerto La Cruz, lunes 21 de mayo de 2012
La tecnología y la deshumanización han llevado al hombre a la soledad
17.02.2012 05:30 AM La comunicación que se ha alcanzado rebasa lo que ni remotamente pudimos los humanos avistar hace algún tiempo
Hoy cuando día a día el mundo conquista y alcanza la más alta tecnología en comunicaciones por la cual el hombre en escasos segundos puede comunicarse rápidamente y “chatearse” con el amigo más distante.
Hoy cuando sin salir de nuestra habitación compramos y negociamos las cosas que queremos adquirir o vender.
Hoy cuando el computador ya pertenece a la “canasta familiar” y ocupa en el hogar, en la oficina, en hotel y en todos los sitios un lugar preeminente.
Hoy cuando hablar con las amistades es todo un paseo, la soledad crece… Todos los días adquirimos cosas. Cada minuto sale una marca nueva. Los centros comerciales viven abarrotados de público. La “sociedad de consumo” se agiganta.
Igualmente la ciencia consigue que la vida humana se prolongue en medio de graves problemas ecológicos y económicos. En el siglo XV, época del Renacimiento, cuando “el cólera” aparecía las gentes “morían como moscas”. Hoy existen numerosas soluciones médicas que previenen enfermedades que antes eran mortales.
Actualmente a lo largo y ancho de este planeta, las personas mueren a edades avanzadas. Y el número de ancianos crece. Ancianos que por circunstancias naturales de la vida van quedando solos en casas y apartamentos y donde a duras penas alguien que los ayuda va por días, pero que tiene que abandonarlos después de cumplir su tarea.
Estas personas agotadas por los años se quedan semidormidas mientras su acompañante debe dejarlos solos. No hay quien les interrumpa su descanso. Ni tampoco quién les pregunte qué necesitan. Estas vidas persisten casi como un milagro de la naturaleza.
La radio y la televisión informan que en los sitios de Europa donde el invierno ha llegado en toda su intensidad la muerte de ancianos es numerosa. Fallecen en la soledad de sus viviendas y solo el mal olor que viene de esos sitios alerta a los vecinos para que la policía llegue a inspeccionar qué ha pasado.
En estos momentos cada cual vive sumergido en su quehacer diario. El mundo se llena de cosas. La comunicación que se ha alcanzado rebasa lo que ni remotamente pudimos los humanos avistar hace algún tiempo.
Pero asimismo este panorama repleto de noticias, de cosas nuevas, de publicidad arrolladora tiende una cortina de humo, casi de indiferencia sobre capas sociales que sobreviven completamente olvidadas.
Y viene entonces la indiferencia de la mano de la soledad. Hoy el hombre ha conquistado panoramas y sitios increíbles. Ha llegado a la luna. Piensa visitar Marte. Cualquier día llegará a las estrellas. De nada le habrá servido. Ellas también son distantes y frías como su corazón, sumergido en este mar de consumismo que ayuda a que la soledad de sus seres más próximos se vuelva tragedia desdicha e infelicidad.

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