Puerto La Cruz, lunes 21 de mayo de 2012
La utopía
17.02.2012 05:15 AM Un liderazgo colectivo, un ángel de mil cabezas, que sustituya al Presidente autocrático, al líder mesiánico, a las roscas de políticos, funcionarios, patronos y sindicalistas
Del tiempo anterior venimos todos, salvo los nacidos después del año 2000. De allí que el chavismo no sea ningún invento, sino un engendro del pasado. En su pensamiento y en su conducta se encarnan los peores vicios del país: demagogia, popularismo, irresponsabilidad, corrupción, caudillismo y muchos más.
No todo en el pasado fué negativo. En el hay vicios y virtudes; éxitos y fracasos. El tiempo pasado al que me refiero es el que se inicia el 23 de Enero de 1958, por lo tanto es un pasado relativamente reciente. Ese período se cierra con la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente. Se supone que allí concluye un modelo de democracia representativa, para darle paso a una participativa. Sin embargo, todo eso es parte de un discurso, de una manera de expresarse. Que el pasado estuvo gobernado por un sistema representativo, centralista y presidencialista, nadie lo duda. Que en la actualidad esté vigente una democracia participativa, son pocos los que se atreven a afirmarlo, ¿Como pueden coexistir la participación, por un lado, y la autocracia por el otro?. El dilema es muy simple o la participación ciudadana acaba con el autocracia o la autocracia acaba con la participación ciudadana. Ambas no pueden coexistir.
Venezuela está ante una encrucijada, o sigue por el despeñadero hasta donde la ha traído un gobierno incompetente y falta de virtudes, o acelera el paso hacia la construcción de una auténtica democracia, que no podrá ser monopartidista, sino pluralista; no podrá ser centralista, sino descentralizada, no podrá ser corrupta, sino virtuosa, legalista, ética y justa.
El futuro exige construir una democracia participativa, pluralista, eficaz, eficiente, honesta y justa. Ante ese horizonte, no está permitido permanecer inmóviles, ni dar un paso atrás. De allí que la consigna “ni un paso a atrás” debe entenderse, no en el sentido de no ceder frente a los embates de la autocracia, sino de avanzar hacia la conquista de una verdadera y auténtica democracia. Es decir, en no aceptar lo que tenemos y en no regresar de donde venimos. Es imprescindible avanzar por los rumbos de la democracia, donde no haya cogollos que deciden por los demás, ni políticos que “interpreten“ la voluntad de la mayoría, sino líderes capaces de aceptar que el poder que ostentan es pasajero, está condicionado por el mandato de origen y por los resultados de la gestión que les sea aprobada por los ciudadanos.
No porque la autocracia nos haya sacado del esquema democrático debemos contentarnos con regresar al pasado, basados en que es mejor que el presente. Ni en el pasado ni en el presente está el modelo del país que debemos edificar. Un mundo de nuevas interrelaciones, donde el papel estelar no lo protagonizan los líderes, ni los partidos, sino los ciudadanos.
Un liderazgo colectivo, un ángel de mil cabezas, que sustituya al Presidente autocrático, al líder mesiánico, a las roscas de políticos, funcionarios, patronos y dirigentes sindicales. Que se apoye en las sociedades intermedias, para discutir e identificar los valores que distinguen a los venezolanos del presente.
En el pasado no está el modelo de país que debemos construir. Ni en el presente tampoco. Hay que erradicar de nuestra cultura cívica los “valores” del pasado y del presente, para poder avanzar, sin un Moisés nos indique cual es el camino, hacia un horizonte de libertad, de justicia y dignidad, cuya dirección y condiciones debemos definir entre todos, en forma pacífica, concertada y compartida.
Puede parecerle a los temerosos una utopía y, en efecto, lo es, pero todas las realidades existentes fueron alguna vez utopías. Lo más difícil de todas, la independencia no dejó de realizarse porque luciera imposible. Mientras más difícil sea una causa con más entusiasmo debemos acometerla.
¡Manos a la obra!

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