Puerto La Cruz, sábado 18 de mayo de 2013
Otra cara con aires de democracia
03.08.2012 05:35 AM Quienes sentimos afecto a la justicia, al respeto por los derechos humanos y al manejo administrativo impoluto de los dineros públicos, apostamos a un cambio
Cuando se publique esta nota faltarán escasos 60 días para que se lleven a cabo las elecciones presidenciales. No es un hecho sencillo; se trata de un acontecimiento de muy particulares e importantes características, habida cuenta del giro que ha experimentado o influido en el ánimo del electorado.
El concierto de distintas fuerzas políticas y sociales que han resuelto acordarse y apoyar en masa al candidato unitario Henrique Capriles, le imprime un cariz altamente democrático que enfrenta al candidato del continuismo.
En las cercanías de tal evento, se respiran aires de democracia, de libertad y de respeto a la dignidad humana. Se acabará esa pugna dilemática entre vivir y trabajar en un sistema democrático o sobrevivir en uno de evidente y cada día de mayor tendencia autocrática, con marcado anclaje en el irrespeto a los valores supremos de la democracia.
Ya quedará en el pasado, como para no repetirlo nunca más, esa idea de sobrevivir e irse adaptando a las exigencias del grupo que ordena y que ejerce el poder y rendirle culto a su personalidad ó aplaudirle sus hazañas. Pasarán a ser pretéritas las nefastas listas maisanta o tascon, y todas las demás prácticas deleznables de este gobierno déspota, perseguidor y manirroto.
Quienes sentimos afecto a la justicia, al respeto por los derechos humanos y al manejo administrativo impoluto de los dineros públicos, apostamos a un cambio que de seguro se dará en Venezuela a partir del 7 de octubre próximo.
Quienes nos negamos a aceptar proclamas y denuestos como lo que escupen los acólitos del presidente, cada día más bochornosos y violatorios de elementales derechos humanos, que los hacen –para su regocijo- parecerse a su jefe, creemos que sí es posible derrotar la barbarie que significa un gobierno catorceñero, ineficiente y moribundo.
Quienes rechazamos ese discursillo de los Ramírez, Cabello e Istúriz, donde piden a sus seguidores se convirtieran en eunucos mentales, que no piensen, se pongan gríngolas y solo obedezcan al “mesías”; quienes rechazamos toda esa barbarie coloreada de rojo alarmante, entusiastas acudiremos a las urnas electorales.
Llegado a este punto, y obviando caras lavadas, dobles caras y las mismas de una igual moneda, resulta aconsejable no tener miedo, acudir a votar libremente y sin acosos de ninguna índole, sin paranoias.
Las captahuellas existen, son unas máquinas que el gobierno ha pretendido hacer ver como un bicho malo, como el coco que les permitiría conocer por quién ha votado cada elector; pero no es así, ha quedado demostrado la imposibilidad de revelar la voluntad de los votantes.
Con este CNE, aunque odioso manipulador y manipulable, ya la oposición venezolana le ha propinado varios e importantes reveses electorales a la satrapía mandona.
La campañita gobiernera, esa de pretender inocular reticencia y suspicacia en el ánimo del electorado, lo que sí pone en evidencia es el miedo, el temor y la intranquilidad del gobierno y de sus seguidores, que creían invencible a su candidato, que por cierto, se niega a debatir ideas, conceptos y definiciones que le hagan bien a Venezuela.
Es mucho el trecho por recorrer una vez obtenida la victoria en los próximos comicios. El candidato civil, el mismo que posee experiencia favorable en gestión pública y que fuera electo en libérrimos comicios primarios, ha venido haciendo el trabajo impecablemente, haciendo el camino, pues.
Ese sueño de país debe ser el tema de un cuento. Se trata de construir entre todos el cuento de lo que queremos ser, y sobre todo, de creérnoslo.

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