Columnistas

¡Ay vale!

Las sociedades cambian. Sí,  la humanidad puede evolucionar e involucionar de acuerdo con el cristal con el cual se mire.

Actualmente, ciertos valores que llevaron a la humanidad a desarrollarse, mantenerse y crecer se están desvaneciendo al paso agigantado de las nuevas ideas sociales que pululan y se abren paso a lo largo de las diversas sociedades.

Desde la izquierda, sobre todo la de mayor inspiración marxista, se ha impulsado la fábrica de nuevas creencias y antivalores, con el objeto de crear nuevos escenarios y justificaciones argumentales con relación a su discurso de enfrentamiento social.

Ya las viejas masas obreras que, supuestamente Marx, iban a encabezar la revolución e iban a ser la vanguardia de los cambios mundiales, no le sirven a sus propósitos y mecanismos de dominación política, porque actualmente jamás la comunidad trabajadora vivió mejor que ahora (salvo en Venezuela), debido a esto se han centrado en enfocarse en una nueva construcción de sociedad.

Ya la izquierda no quiere el paraíso obrero, aquel donde el dinero desaparecería y la jerarquía del poder daría paso a una sociedad de iguales, en el utópico modelo comunista, ahora esta fisonomía del pensamiento quiere un edén de minorías dominantes.

Es decir, ahora la izquierda es fomentadora de la homosexualidad, el feminismo mal entendido y la ideología de género. Para los socialistas la sociedad ideal es aquella donde los hombres se enamoren de los hombres, donde las mujeres se sientan superiores a los hombres y donde los menos dominen a los más.

Según esta concepción ideológica, se defienden este tipo de puntos: 1-. Las mujeres son dueñas de su cuerpo, por lo tanto el aborto debe ser aprobado y auspiciado; 2-. Todos los derechos deben ser para todas las personas, por lo tanto las parejas homosexuales pueden casarse y adoptar niños sin ningún tipo de restricciones; 3-. Cada quien puede decidir el género sexual de su preferencia, pues nadie nace hombre o mujer; 4-. La religión debe extirparse de las sociedades modernas, y Dios debe ser reemplazado por completo por la “libertad” del hombre.

De acuerdo a esta visión de la humanidad la moral es condenada, la tradición asesinada y las buenas costumbres abolidas por decreto.

Y lo más grave de la situación es que los efectos de este discurso envolvente y febril ya están tomando cuerpo en las sociedades actuales. Ahora es muy común ver como en las calles los homosexuales se burlan de los heterosexuales.

Hoy en día, decir que crees en Dios, ser católico o protestante, es sinónimo de retrógrado. Defender la vida del ser humano desde el momento mismo de su concepción es un delito para la comunidad feminista pro-aborto. Levantar las banderas de los derechos de los niños, y evitar la adopción homosexual es visto como una agresión en contra de la minoría, la misma que quiere dominar sobre la mayoría de la sociedad.

Estamos llegando a un punto, sobre todo en Europa, en que los blancos sienten pena de ser tales, que los heterosexuales están escondiendo sus sentimientos verdaderos, y que las opiniones religiosas son acalladas.

En este momento, quien se persigna lo hace con la velocidad del rayo para no ser descubierto por la orgía atea que lo rodea; porque dar demostración de fervor religioso es condenado.

¿Hacia dónde va la humanidad? Si las cosas siguen este ritmo, más temprano que tarde veremos a jovenzuelos decir “ay vale, a este como si le gustan las mujeres”.

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