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¿Cómo se divide el venezolano?

Es claro que vivimos la peor crisis económica de nuestra historia sin guerra, que los ingresos están pulverizados, la población empobrecida, la inversión y la producción en el piso y el consumo deprimido. Pero es incorrecto tomar esto como la realidad para todos los individuos y empresas en el país.

La “clusterización” de la sociedad se genera alrededor del acceso a divisas:  1) consumidores con acceso a moneda extranjera: resilientes-independientes y 2) consumidores sin acceso a ellas: empobrecidos-dependientes.

En número de personas, el grupo 2 es una clara mayoría. Sus ingresos están pulverizados. Su acceso al consumo esta condicionado a los subsidios que reciben del Estado a través de los CLAP’s, los bonos y los subsidios cruzados del sector privado. Lo que ganan no define su consumo, pues este no alcanza ni para un cartón de huevos.

Sus accesos provienen de las transferencias de recursos del gobierno, que aunque bajas e irregulares, son usadas por este como un mecanismo perverso de control político y social y a juicio de los resultados en términos de penetración y pacificación social, habrá que decir que ha sido políticamente útil al chavismo, aunque la población sea mucho más pobre y el país primitivo.

Dentro de este grupo esta la población excluida. Aquella que sin recursos externos, tampoco tiene acceso a las políticas sociales y su vida queda marginada. No es un grupo menor. Alcanza casi el 14% de los venezolanos (6 puntos porcentuales más que a finales del 2017). Ellos no tienen recursos para cubrir necesidades fundamentales. Se concentran en la mendicidad, la minería de basura y la migración desesperada.

Pero en el otro extremo se encuentra una cuarta parte de los venezolanos con acceso a divisas y, por ende, al consumo convencional. La mayoría no tiene  vínculos con el gobierno ni el chavismo, aunque por supuesto que ahí también estén ellos. Muchos han acumulado divisas en el exterior desde hace años, entendiendo que el ahorro en bolívares era una bomba de tiempo.

Tomaron ventaja del verdadero bolívar fuerte, presente durante las décadas de sobrevaluación cambiaria y ahora sus ahorros sirven para compensar  déficits en bolívares, con repatriaciones que les permiten mantener consumo. Algunos reciben compensaciones en divisas de sus patronos para retenerlos en crisis. Este es el segmento de alta capacidad de consumo.  Los otros miembros de este mismo grupo son consumidores modestos, de estratos medios bajos y bajos, cuyo ingreso se ha hecho dependiente de las remesas que reciben de familiares en el exterior o de sus actividades en el sector informal.

No tienen acceso a consumo de lujo, pero con una media de remesas o ingresos de 60 dólares al mes, estos grupos son capaces de cubrir necesidades básicas y mantener el consumo que su estrato tenía antes de la hiperinflación.  Viven con limitaciones, pero son los papas de los helados entre sus pares.

Como verán, la crisis no sólo ha generado un empobrecimiento severo y dramático del país en su conjunto y una gran destrucción de valor, sino una división económica mucho más profunda en términos de la población, que se amplifica exponencialmente en revolución. Por cierto, ninguna sorpresa.

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