Columnistas

Santos que no dan milagros

El descontento no debe convertirse necesariamente en cólera, amargura, furia o desaliento. Pensemos que pueda converger en otra vertiente de mayor dimensión humana… La que trata de encontrar en lo más profundo de nosotros mismos un nuevo punto de partida pues no todo está perdido o acabado. Y eso lo sabían espíritus del pasado, quienes en épocas de gran injusticia, infortunios y sufrimiento colectivo decidieron seguir adelante, porque a pesar de lo desesperanzador que pueda lucir un determinado panorama, el hombre siempre consigue un camino, un retorno, una vía de acceso a sus sueños más deseados.

El asunto es que pasado el 20 de mayo y el fervor de la “renovación de votos entre el presidente y sus seguidores”, las cosas para ellos y para el resto del país sigue igual, con los mismos problemas, con la misma incertidumbre sobre mejores destinos, con las mismas ilusiones sin concretarse.

La pregunta es entonces… ¿Hasta cuando los fieles más fervorosos del régimen seguirán orando ante un altar vacio porque sus problemas siguen sin solucionarse? Lamentablemente la respuesta sigue amparada en la fe y en el tiempo de Dios que siempre es perfecto, porque esa decisión de la mayoría de seguir sosteniendo “lo que ya teníamos” se traduce en que las promesas seguirán siendo promesas de nulo cumplimiento, el funcionamiento de los servicios públicos seguirá igual o peor, el odio continuará como el signo de estos tiempos, la exclusión seguramente se afianzará, los excesos y afrentas contra la Carta Magna se magnificarán en nombre de un liberalismo combativo… En nombre de la exacerbación de la lucha de clases… En nombre de la instauración de la dictadura del proletariado….

Y son estas benditas “posturas” las que hacen odiosa la causa popular, pues está históricamente demostrado que terminan alejándose de la verdadera justicia social, de las oportunas rectificaciones  y de las valoraciones exactas sobre lo que se deseaba y no se logró, pues para ellos lo importante es la imposición de un modelo político alimento del despotismo más rancio, que a diferencia de cualquier régimen burgués, está plagada de más errores  y  de más muertos.

Insisto. ¿Hasta cuando las oraciones de los fieles colorados surcaran los cielos sin que reciban respuesta oficial? De allí parte que el gobierno no la tenga para nada fácil pues sigue superlativamente endeudado, imbuido en un mar de promesas a corto y mediano plazo que no serán fáciles de cumplir, con el compromiso de superar “el azar de la vida y la muerte” de ellos y de todo el país (pues el hampa no distingue colores), inmerso en un océano de conflictos laborales que claman ser atendidos y demás disensiones sociales que le sirvieron de excusa para sus intereses electorales pero que ahora debe encarar y resolver.

¿Hasta dónde llegará la fe del pueblo llano por este modelo? ¿Podrá el actual mandatario y su equipo (de siempre) darle vida a un nuevo humanismo ajeno a los intereses personalistas, partidistas e ideológicos que le sirvan de asidero para una nueva etapa de libertad e integración nacional?

Lo cierto es que si un santo no es milagroso y lo que genera es gastos por las velas, necesarias y recurrentes en cualquier altar que se respete, de no haber resultados, al final el fiel se cansa y pone otro santo en su lugar.

Así de simple.

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