Columnistas

Un mundo de alianzas

Lo que tenemos por delante no es fácil.

Matrices de opinión que nacen de la más farisea extrema izquierda insisten en reiterar que de este lado de la acera solo existe la más insipiente deslealtad con el país y la más vil repartición de futuros cargos a expensas de alianzas prematuras al mejor estilo de la vieja política… En pocas palabras, para el sector “rojo rojito” el halo nimbado (léase: círculo luminoso en la cabeza de los santos) no existe en ningún líder opositor. Siendo contranatura el solo hecho de pensarlo.

Otra parte del país dice sentirse orgulloso del liderazgo opositor que está emergiendo en estos momentos. En su mayoría, profesionales y jóvenes que desde ya despuntan como futuros estadistas, muy revestidos de bondad natural y sincero patriotismo. Ninguno de ellos es un jefe accidental producto de una asonada…No. Son el resultado de un despertar colectivo, de una necesidad de cambio, de un urgente proyecto alternativo de país, porque de seguir como vamos, lo más seguro es el exterminio de todo un pueblo y la pérdida definitiva de toda una nación.

Y en este marco de cosas, las nuevas generaciones de políticos (ya sea que vengan de partidos noveles o de organizaciones de vieja data) están fundamentando su accionar en los esquemas probados de éxito, de ayer, y en todas las opciones comunicacionales y de planificación y estrategia de hoy.

Pero lo que sigue siendo vital en un juego democrático que no se detiene, es el entendimiento, la avenencia, la armonía, entre los que tienen más semejanzas que diferencias.

Por eso no debe sorprendernos que en medio del más natural fervor político, pueda alguien tomar la decisión de aliarse a un candidato, a una fuerza  o a un proyecto alternativo, sin que por esto deje de lado sus buenas intenciones.

El juego político es así. Se toma lo que se tiene a la mano y se agrupan quienes tienen coincidencias. Porque la política es eso… Un mundo de alianzas que van y vienen, siendo su único norte el sumar fuerzas, a conciencia de que en esos procesos de sumatoria, como si de un combo de comida “chatarra” se tratara, siempre habrá un refresco sin gas, una carne quenada o una papa frita vencida. Eso es inevitable. No todo podrá ser bueno. Pero las alianzas se fundamentan en lo bueno, y hasta en lo malo porque de ello se aprende.

Las alianzas políticas de estos tiempos están llenas de retazos de vida, de trozos de historia, de errores y aciertos, donde todos pululan amontonados, disponibles, dando lugar a que las cosas más sublimes puedan confundirse con las no muy gratas,  pero el contraste es necesario.

El excelso humanista venezolano, Augusto Mijares, diría sobre las alianzas políticas: “Son bellas por la perfección de las partes, pero desagradables por la impropiedad del todo, pero a fin de cuenta, vitales para lograr los objetivos”, por eso, sean cuales sean las alianzas (las que ahora existen o las que están por venir), deben estar llenas de valores morales y éticos, de compromiso, de lealtad y de sentido de pertenencia  que las distingan del pasado.

Finalmente amigo lector, cualquier acuerdo que se de en los actuales momentos debe mantener ese fin común que no es otro que salir de la vorágine de cosas que hoy nos preocupan y mantienen en permanente zozobra, pero en un marco de profundo respeto, pues como dijera Augusto Comte: “Sin un nuevo poder espiritual, ningún cambio político tendrá feliz término”.

Así de simple.

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