Locales

Habitantes del sector Bateas de Maurica sobreviven en condiciones deplorables

Menores dejan los estudios por falta de comida y uniformes / Foto: Samir Aponte

Un grupo de niños polvorientos y con el pelo quemado por el sol, reciben a los que visitan la parte alta del sector Bateas de Maurica, en el municipio Simón Bolívar.

Esta es una comunidad olvidada por los políticos y ciudadanos comunes, quienes desconocen que al borde de la autopista Barcelona – Los Potocos viven unas 20 familias en condiciones infrahumanas.

Sin agua por más de ocho meses, en el caserío hay seis mujeres recién paridas que hacen milagros para mantener la limpieza y garantizar la salud de sus bebés.

Yoselyn Bastardo, abuela de Kleiber, un pequeño de un mes de nacido, comentó que no saben qué hacer con el problema del agua. “Teníamos toallitas húmedas, pero ya se le acabaron y son muy costosas”, expresó.

En un rancho, una joven de 17 años que hace días dio a luz, señaló que tampoco usan pañales desechables sino “trapitos”. Los niños de entre cinco y 13 años de edad ya están “curados” y corren descalzos jugando por la tierra y a orilla de playa.

La pesca es el principal sustento de los habitantes de este sector y los hombres, en su mayoría, capturan bagres para luego ofrecerlos en el centro de Barcelona.

“Muchas estamos desempleadas y tenemos que irnos a la calle a resolver”, aseguró una dama que no quiso identificarse.

Pobreza

“Para poder comer tengo que buscar en la basura a cada ratico”, declaró Joselyn Subero, de 19 años de edad, quien tiene una beba a su cargo.

Camina desde su casa hasta el centro de la capital del estado  y a veces llega, incluso, al hospital universitario Dr. Luis Razetti en busca de sobras de comida. El papá de su niña la acompaña. Los dos están sin empleo.

Sí me gustaría trabajar de lo que Dios me ponga, no soy exigente”, dijo con sonrisa inocente.

Los pobladores aseguraron haber recibido promesas que nunca se han cumplido y que el Gobierno no les ha dado las casas que se ofreció a construirles en el lugar.

“Rosa Águeda es la presidenta del consejo comunal y no vive aquí ni siquiera, no sé para dónde se va lo que nos prometen, porque aquí nos tienen engañados con traernos motores para las lanchas, comida y nuestras casas”, denunció Denis Pérez, vecino de Bateas de Maurica desde hace 16 años.

Barcelona / Yerucxa Guzmán

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