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Debemos seguir “respirando”

Cuantas palabras escritas, cuántas recomendaciones, cuantos análisis, cuántos datos aportados, citas filosóficas, remembranzas, comparaciones históricas de lo que pasó ayer y sigue pasando hoy… Todo a lo largo de estos más de 18 años de escritura en el Diario El Tiempo, sumado a las tantas posturas públicas y reflexiones compartidas través de varios programas de radio y una reciente incursión en la televisión regional, donde, a fin de cuentas, he mostrado mi manera de pensar, mis opiniones, mi ideario, mi sentido de pertenencia, mi arraigo por esta tierra.

Y sin embargo ha pasado el tiempo, y muy a mi pesar y a mis frecuentes y sanos concejos (y a los de muchos otros preocupados y “ocupados” por el país), Venezuela no se ha transformado en un lar más pacífico, más justo, más digno, en un país ideal, en una tierra de oportunidades, esperanzas, ilusiones y sueños… Y sí por el contrario, debido a la masificación de antivalores y malos ejemplos impuestos, ha proliferado la corrupción, la mediocridad, el desapego, la indiferencia, la locura, la incompetencia, la falta de integridad… Viendo entonces con asombro como la audacia y la picardía ganan terreno, como los ladrones y mal vivientes se multiplican, como el poder sigue comprando conciencias, como si el ser bandido, aprovechado, deshonesto y felón fueran los signos de estos tiempos.

Lo cierto es, que con el paso de los años mis huesos crujen más cada mañana, mi vista es más deficiente, mis reflejos se tornan a cada vez más rígidos, mi ímpetu disminuye y mi fuerza vital pareciera diluirse al ritmo del minutero del reloj, pero el país con el que sueño no aparece… Yace perdido en algún recodo de nuestra lucha diaria. Extraviado, esquivo, inmaterial, intangible, como si se tratase de un espejismo; de algo que un día fue pero ya no será,  producto quizás de la mente de los hermanos Grimm.

Recuerdo entonces haber escuchado un buen dialogo en una película que se me quedó en la memoria… Un individuo, luego de haber estado en una isla desierta por más de 5 años totalmente solo pero aferrado a la esperanza de ser encontrado y así recuperar su vida y a su esposa, cuando es rescatado finalmente entiende que su pareja, al darlo por muerto, rehízo su vida, por lo tanto la perdió definitivamente, y ante el dolor que lo embarga dice:

“Ante esta tristeza tan grande que siento ya se lo que debo hacer… Debo seguir respirando como hice en la isla, porque mañana saldrá el sol, y quien sabe que pueda traerme  la marea”.

El punto es, amigo lector, que debemos seguir trabajando, luchando, empujando los cambios, porque la esperanza de que todo mejore sigue flotando en el aire, sigue dependiendo de nuestras convicciones, de nuestro esfuerzo, de nuestro sacrificio, porque a fin de cuentas, mientras haya vida, todo será posible.

Hay que retomar entonces el ánimo, la alegría, la disposición, el ahínco, porque tenemos razones de sobra “para seguir respirando”… Porque aun ocurren cosas maravillosas en nuestro cielo, porque la brisa sigue soplando, porque todos los días nace un niño, porque aún tenemos reservas morales, porque los venezolanos cada día  somos más emprendedores, fuertes y resteados, porque la democracia sigue estando en nuestro ADN, porque el país sigue siendo tan rico, que a pesar de tanto robo, seguimos teniendo recursos para reconstruirlo… Porque, en pocas palabras, los venezolanos somos “echaos pa´ lante, y en eso debemos confiar.

Así de simple.

Lechería

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