Columnistas

La política se entremetió en los cuarteles

Una de las áreas en las que ha tenido un éxito casi silencioso la dictadura venezolana, ha sido precisamente la de torcer y cambiar la historia. Nada nuevo. Eso ya fue intentado por otros dictadores como Hitler, Stalin, Mao, Perón, y Fidel entre muchos otros. ¿Por qué esa necesidad de desfigurar la Historia? Sencillamente porque tienen que tratar de explicar su pestilente presencia en el poder a través de una pretendida justificación en los hechos pasados.

Para Hitler, la explicación estaba en una supuesta conspiración mundial de los judíos y en la “cobardía” del gobierno que actuó torpemente en la conducción de la primera guerra mundial. Se cuidaba mucho, eso sí, de achacarle culpa alguna al ejército alemán.

Claro, necesitaba de esas tropas y de esos generales para poder afincarse en el mando y erigirse como el único “Fuhrer” de su país. El lector puede buscar por sí mismo los hechos relativos al resto de los dictadores mencionados. Nosotros nos concentraremos en nuestro terruño.

El afán de Chávez en tratar de presentar un Bolívar mestizo, con rasgos de zambo, aún teniendo en contra todas las evidencias históricas, no era casual ni accidental. Para entronizarse en el imaginario popular como el nuevo “Libertador”, necesitaba amarrar su imagen a la del aristocrático caudillo de nuestra revolución independentista.

Tampoco es gratuito que recurriera a los babalaos y sus oscuras prácticas religiosas, para pasar al santoral popular. Sin embargo, fiel a los consejos y mandatos de su padrino cubano, sabía que solo recurriendo a los sectores mas retardatarios de las FFAA, podría mantenerse y aferrarse al poder.

De allí la necesidad de tergiversar nuestros hechos históricos, transformando las pillerías de Maisanta y otros alzados fracasados, en verdaderas gestas heroicas. Así fue como la figura de Páez pasó de ser el héroe de las Queseras del Medio, a ser el traidor a Bolívar y a la revolución.

No resultó una tarea difícil. Los venezolanos, luego de 1811, estuvimos sometidos bajo la bota de caudillos militares que se enfrentaban unos a otros en sus ansias de controlar el poder. Sin contar los 19 años de guerras que transcurrieron entre 1811 y 1830, que dejaron al país casi completamente destruido, los 188 años transcurridos entre 1830 y 2018, vieron desfilar 58 personas como primeros mandatarios.

De ellos, apenas 18 fueron civiles (aunque varios de ellos solo eran títeres de un caudillo militar) y solo gobernaron en total 51 años. Los 30 militares que se adueñaron del poder en distintas épocas completaron (y aún siguen allí) 137 años. De modo que nunca logramos que los militares se sometieran por completo al poder civil. Nuestros alumnos en las escuelas pueden recordar los nombres de muchos de esos militares, pero escasamente llegan a mencionar a Vargas y a algunos presidentes de la época democrática.

Si no me cree, haga usted la prueba y pregúntele a cualquier niño de 10 ó 12 años, si sabe quién fue Pedro Gual, Edgar Sanabria o Juan Pablo Rojas Paul. Los esfuerzos de nuestros más ilustres historiadores por corregir tal entuerto, han sido en vano.

La gesta militar siempre se impone en nuestras mentes a los aciertos civiles. Así que el populismo, asociado férreamente con el caudillismo, nos ha traído a esta hecatombe actual. El más serio intento por enfrentar esa falla con educación, se comenzó a hacer al comienzo de la democracia plena en 1959. Pero fue fatalmente torpedeado por una inclemente insurrección guerrillera acicateada por Fidel Castro y por las amenazas de las dictaduras derechistas de Trujillo y Somoza.

El gobierno de entonces (Rómulo Betancourt), por más que quisiera impedirlo no tuvo más remedio que enfrentar armas con armas, dándole relevancia, nuevamente, al poder militar. Sin embargo, se mantuvo el equilibrio y se trató de enderezar el rumbo hasta que la política se entremetió en los cuarteles.

Lechería

Share This:

Comentarios

  

Publicidad

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!