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Soy de los que cree que la libre discusión, el consabido  poder de las ideas, puede barrer con facilidad la ignorancia y la inmoralidad que tanto nos ha perjudicado en los últimos tiempos.

Soy de los que cree que la ilustración de las masas debería ser suficiente para execrar para siempre el despotismo de nuestro suelo patrio y refrenar la anarquía de una vez por todas.

Soy de los que cree que el diálogo, el entendimiento, son las sendas a seguir en esta vorágine que a diario nos cercena los sentidos y que está tan llena de cantos ditirámbicos y alegóricos que siguen presagiando lo peor  para nuestro país.

Pero estas humildes apreciaciones, estos sencillos conceptos de básico y elemental accionar democrático, yacen olvidados en algún recodo de nuestra lucha reciente, deformados, tergiversados y heridos de muerte, gracias al escamoteo y manipulación de politiqueros reaccionarios e insinceros… Plaga nauseabunda e hipócrita que sigue prosperando entre nosotros y que ha convertido en una farsa la libertad política, que ha cobrado a sus adversarios posiciones asumidas a un costo personal e incluso familiar, y donde incluso, la vida de los que piensan distinto pareciera ser un cheque que cualquiera de ellos pudiera endosar a capricho a su favor y arrebatárnosla de manera vil y sin mediar palabras.

Lamentablemente, muchas consideraciones que hacer a este respecto, porque más allá del “no reconocimiento” de aquellos coterráneos que no aceptan los escamoteos y abusos de los poderes públicos sesgados, lo preocupante es que estos sujetos que  “por circunstancias regentan el poder” insisten en sentirse como Colón cuando arribó a costas patrias… Suerte de “medras intelectuales” superiores, irremovibles e intocables, que se dan el tupé de tratarnos como si fuéramos zoquetes, zopencos, tarados, imberbes.

Y es en este momento (aunque muchos no puedan entenderlo), que debemos asumir con aprehensión la ilustración y la moralización de los “hacedores  de opinión pública”. Es en este momento que debemos hacer valer el verdadero patriotismo y la probidad como signos legítimos de estos tiempos, que debemos procurar recuperar lo mejor de lo que fuimos y fusionarlo con lo que, entre todos decidamos  ser… Por eso creo que resulta inminente, necesario e impostergable “apagar al país y volverlo a encender”.

Porque de alguna manera debemos empezar nuestro “reseteo” como nación. Porque de alguna forma debemos “reiniciarnos”, o bien, volver a una etapa de “reposición”, de estado inicial, de vuelta al principio, de nuevo comienzo. Y en este trance, más temprano que tarde, deberemos sentarnos TODOS en una gran mesa colectiva, mirarnos a los ojos fijamente, reconocernos, y considerar seriamente y sin tapujos la reconstruir moral y ética de la Patria, porque a fin de cuentas, no podemos seguir como vamos y necesitamos unirnos de forma monolítica y con un único y claro objetivo.

Finalmente amigo lector, para nadie es un secreto que nuestra computadora nacional viene presentando serias fallas desde unos 20 años a esta parte. Imágenes repetidas, temblorosas, siniestras, dantescas, que cual virus espectral del cyber espacio, insiste en querer seguir acabando con el país, destruyendo todo a su paso a nivel de tierra arrasada.

Reitero entonces, que nuestra única salida es apagar al país, apretar “inicio” y esperar… A ver si así, como si de un mal sueño se tratase, despertemos todos, unidos como pueblo, dispuestos a recuperar a nuestra amada Venezuela.

Así de simple.

Lechería 

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