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¡Descansar!

En realidad, ya se acabó. Se acabó el descanso. Poco le falta para transformarse otra vez en trabajo, carga, temor y sudor: organizarse otra vez para el trabajo, hacer o deshacer, preparar, angustiarse… Uno ha tenido el privilegio de “tomar vacaciones”, acompañado por el amable voto de los amigos: “Que le vaya bien, que disfrute… ¡Usted se lo merece!” ¿Y será, acaso, que no todos se merecen este corte tan necesario en la vida de hoy? ¿Por qué unos sí, y los demás no? ¿Cuál es la “justicia” de aquel privilegio que, en la actualidad,  “descansa” más en la posibilidad organizativa y económica  para escapar al peso de una implacable rutina??

Dios también se tomó sus vacaciones. Lo dice el primer relato bíblico de la creación: “El  Séptimo día Dios tuvo terminado su trabajo, y descansó en ese día de todo lo que había hecho. Bendijo Dios el Séptimo día y lo hizo santo, porque ese día descansó de sus trabajos”. ¡Alegría del séptimo día! Dios nos invita: apagar el smartphone, la televisión, jugar con los niños, vestirse informalmente, pegar un dominó con los fieles amigos, tomarse una fría bien fría, calmarse, compartir con el compañero, la compañera, reír, meditar, contemplar la inmensa y humilde naturaleza… La creación entera, el mismo trabajo de Dios desemboca en ese día,  ¡día sin fin!, en que nosotros también descansaremos con el Creador universal.

Otro pasaje de la Biblia lo formaliza: “El día séptimo es día de descanso… Que nadie trabaje: ni tú, ni tus hijos, ni tus hijas, ni tus siervos, ni tus animales, ni el inmigrante que vive en tu ciudad”. Tan revolucionaria sigue siendo esta orden divina, que nuestra sociedad entera se ha vuelto incapaz de respetarla. Sin embargo, puesto que “sábado” significa descanso – asueto, vacaciones, paz anímica y santa  – , sábado será también  cualquier momento de la semana consagrado a un proyecto de vida, amistad y fraternidad… Los cristianos entenderán, más tarde, que este gran sábado significaba vida nueva.

Pero la disposición y el orden simbólico de la semana, incluyendo el descanso, nos siguen llamando  a buscar lo sustancial, lo esencial: volver a buscar paz. Dice Jesús de Nazaret : “Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré. Pues mi yugo es suave, y mi  carga, liviana”.

Entonces, es más que evidente: todos, integrantes de la misma sociedad angustiante, pesada,  necesitamos urgentemente la sabiduría de un corte: extraernos de las mediaciones que nos alejan de un auténtico reposo, para abrirnos  a otras necesidades donde se hable y se prepare activamente  vida. Buscar afanosamente ese bendito momento…

Caracas 

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