Columnistas

La voluntad del tirano

No cabe ninguna duda de que la intención del régimen es lograr que a la enorme mayoría de nosotros nos rinda el desaliento. Y la tienen fácil. Porque nos tienen a contra la pared las 24 horas de cada día todos los días del año. Cuentan con un numeroso equipo de esbirros fraguando continuamente las mil y una maneras de mantenernos ocupados y preocupados en la búsqueda de alimentos, medicinas, transporte y cuanta cosa sea necesaria para la diaria supervivencia.

Hasta lograron que tener efectivo para pagar pasajes, estacionamientos o simplemente para estirar los reales a fin de poder comprarles a los “bachaqueros”, se haya convertido en una verdadera odisea. También han logrado eficazmente dividir, desmoralizar y desmovilizar al liderazgo opositor.

De tal manera que hoy por hoy pareciera que los venezolanos, secuestrados y reos de un grupito de malsanos delincuentes, sientan que solo hay la salida por las fronteras, emigrando hacia otros países, o que la única alternativa es acostumbrarse y acomodarse a las absurdas imposiciones de los narcodictadores.

Por si esto fuera poco, han logrado dos importantes triunfos. El primero es la dolarización subrepticia de la economía, pero solo para los gastos y los costos. Los ingresos se mantienen en muy devaluados bolivaritos y nadie sabe ya como irá a costear la compra diaria de lo más elemental. Para colmo, se inventan lo del nuevo cono monetario y los precios internacionales de la gasolina. Así que cuando estas notas sean publicadas, la desesperación y la angustia de millones de compatriotas habrá subido de tono frente a la incertidumbre de lo que tendremos que enfrentar la próxima semana.

El segundo, es haber implantado las más salvajes medidas del llamado neoliberalismo, que tanto satanizaron y denunciaron en otras épocas, sin que se haya producido ninguna reacción masiva de protestas sociales. Mueven, en publicitadas manifestaciones a los pequeños contingentes de asalariados en sus nóminas y le hacen ver al mundo que tienen apoyo popular. Con esto, lograron efectivamente dividir a la población en tres grandes grupos. El primero, reducido, está formado por unos cuantos enchufados, civiles y militares que disfrutan a sus anchas de dólares mal habidos, que canjean a diario, en el mercado negro por enormes sumas de bolívares.

Uno los ve en los restaurantes, exhibiendo prohibitivos vehículos último modelo, trajeados a la medida y con los más costosos equipos electrónicos. Son los nuevos “nuevoricos”. El segundo grupo, está formado por una imprecisa cantidad de ciudadanos obligados a sacar su “carnet de la patria”, o que están en las cuantiosas nóminas de la administración pública a los que mantienen en condición de mendigos, esperando cada día por la “ayudita” del gobierno para poder sobrevivir.

Y el tercero, mucho más numeroso que los dos anteriores juntos, lo forman el resto de los venezolanos que aún se niegan a dejarse apabullar por las imposiciones oficiales. Algunos de ellos se mantienen con “FE” (“Familiares en el Exterior”) y el resto simplemente muere cada día de mengua. Reducidos a la condición de peones de plantación, trabajan a cambio de comida, como sucedía en el siglo XIX. Por supuesto si se realizaran elecciones libres y transparentes hoy o mañana, cualquier candidato opositor las ganaría apabulladoramente.

Esto ya lo tenemos bien claro los venezolanos y también una buena parte de los países del mundo. Ellos lo saben, así que la salida de esta tragedia no podrá ser democrática y pacífica.

¿Qué nos queda? Solo una resistencia cívica, organizada, inteligente y activa. La desobediencia civil consagrada en la Constitución. El sacrosanto derecho de los pueblos a rebelarse contra las tiranías. Negarse a ser sometidos a la voluntad del tirano.

Lechería 

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