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A 50 años de Medellín

Medellín, capital del Departamento colombiano de Antioquia.  Segunda ciudad del país. Espléndida y opulenta metrópoli. Emporio, antaño, de Pablo Escobar; capital de Álvaro Uribe, más hacendado rural que urbano. Es decir: miembro de una oligarquía rural poderosa. Y, en un registro bien diferente, Medellín fue lugar de celebración del segundo concilio del Celam, Concilio Episcopal Latinoamericano, en el año 1968. Cualquiera que haya conocido este acontecimiento se acordará del extraordinario júbilo causado por esta Asamblea.

Sí: fue extraordinaria. Esta  Asamblea General del Episcopado Latino Americano que se celebró en Medellín entre agosto y septiembre de 1968 motivó, en lo que siguió,  una euforia  general, una celebración exuberante como nunca había habido en la historia de las Iglesias del continente.  En la actualidad todavía, quizás no haya ningún  documento latinoamericano más citado en la historia de la Iglesia  que el tomo de las conclusiones de Medellín.

El comienzo de la Conferencia se retrasó, ya que debía haberse celebrado en 1965 (10 años después de la reunión fundadora de Río de Janeiro), precisamente porque se estaba celebrando entonces el Concilio Vaticano II que terminaría en Diciembre del año 1965. Ello fue ocasión de la primera visita de un Papa a América Latina, pues Pablo VI viajó a Colombia para inaugurar la Conferencia de Medellín.

Cada reunión del episcopado trata uno o varios temas que quieren marcar el hilo para los años siguientes. Así fue lo de Medellín. Los obispos quisieron ocupar dos semanas en la revisión a fondo de su pastoral, en el escrutar los signos de los tiempos y en la renovación en profundidad que marca el Vaticano II. De allí sus magníficos lemas: ¡Opción por los pobres! ¡Teología de la liberación! ¡Comunidades eclesiales de base!, o de otra manera: ¡Comunidades cristianas!

 La unión de los obispos del  continente fue notable. Por eso, durante los diez años siguientes, a pesar de múltiples obstáculos y frenazos de las Iglesias, hubo significativos pasos adelante. ¿Y después? ¿Qué pasó a continuación? Desgraciadamente, los pastores eclesiásticos se asustaron de las audacias de Medellín. Bajo el mandato severo, autoritario, del papa Juan Pablo II, en especial, se dieron numerosos pasos atrás. Fue significativo el temor en el año 1992, Quinto Centenario del Celam en Sto. Domingo. Hasta tal punto que los obispos tardaron quince años antes de decidirse a otra o futuras reuniones.

Pero la esperanza no ha muerto. Entre otros signos, lo comprueban la muerte y la canonización de Mons. Oscar Arnulfo Romero, y la presencia de Francisco I en Roma.

Caracas.

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