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En modo “lima nueva”

Mi difunto padre, Juan José, utilizaba con frecuencia la expresión “Come más que una lima nueva” en alusión directa a la golosidad manifiesta de algunos comensales y a su relativo parecido con la función que cumple una lima, entendida ésta, como una barra de acero con ranuras llamadas dientes sumamente práctica para el desgaste voraz de disimiles superficies.

Lo cierto es que existen diversos tipos de limas: Las de metal endurecido, las escofinas (que son para maderas), las de uñas, las de ortodoncistas, joyeros, las de aguja o de relojero, e incluso existen algunas diseñadas para máquinas cuya única función es limar, pero a gran velocidad.  En pocas palabras, las limas tienen el claro cometido de “desgastar y cortar” lo que se les atraviese por delante.

Esto se complica cuando las características (llamémoslas “mecánicas”) de esta herramienta manual se transpolan a nuestro mundo humano. Me refiero entonces a que existen personas con dientes muy grandes listos para arrasar, individuos cuya única misión pareciera ser “desgastar y cortar”… Degradar conciencias. Corroer principios. Carcomer valores éticos. Erosionar la decencia ancestral que antes teníamos. Roer ideales que antes nos inspiraban. Cercenar el sentido común tan necesario en nuestra vida.

Lo más lamentable es que las limas humanas vienen logrando su cometido de desgastar moralmente a unos cuantos bodoques (aunque califican más bien como pérfidos granujas) que ante la menor muestra y promesas de dádivas y lisonjas no demorado un segundo en sucumbir a la más rancia lujuria monetaria.

Argumentos van y vienen de estos felones, (incluso de algunos que decían ser opositores), que ahora pretenden justificar su falta de compromiso con el país con argumentos baldíos: “La gente del Frente Amplio tienen una agenda oculta”, “Yo no he brincado la talanquera, siempre he sido socialista”, “La ultraderecha tiene un plan económico neoliberal”, “Esos personeros de la Mud son contratistas del desastre”… Y tras cada afirmación dejan al descubierto su miseria humana… Tan impúdica, tan socavada en su interior, tan carcomida y recomida de adentro hacia afuera por una lima que come parejo, con ranuras muy juntas y afiladas.

Sin lugar a dudas, el cielo de la patria sigue luciendo encapotado anunciando tempestad… Las traiciones y deslealtades siguen amenazando con cercenar definitivamente las bases de la alternativa democrática. Voces agoreras señalan el cierre total de la “Santamaría” de cualquier otra opción política distinta al actual régimen.

Y mientras tanto, la compra de conciencias continúa…  La lima humana oficialista sigue al acecho haciendo ofrecimientos a quienes tienen en su frente el cartel de “for sale” (se vende). Su retórica supera con creces a la del mismísimo Aristóteles.

Y todo transcurre entre piras y orgías de venganza, donde los espectros del averno se ubican en cualquier recodo (por inusitado que parezca) y los engendros de la hiena y el chacal siguen hilando muy fino.

Finalmente amigo lector, si se le quisiera dedicar un humilde verso a esta bendita situación, sería algo como esto:

 “Las últimas decisiones, parecen de vacilón/

el gobierno sigue impulsando, una fallida reconversión/

que continua arruinando, al detal y al por mayor/…

El pueblo muere de hambre, de mengua y desolación/

pero la gente sigue muy quieta, sin ni siquiera alzar la voz/

¿Será que sigue la espera de un Mesías Salvador?/.

Así de simple.

Lechería

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