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Miren a Cuba

Dice Adolfo Bioy Casares en uno de sus cuentos (La Trama Celeste) que “…inmediatas a las ciencias ocultas se hallan la política y la sociología…” y cuando veo lo que sucede a mi alrededor pienso que tal vez tenía razón. ¿Cómo explicar que en un país tan inmensamente vapuleado como el nuestro sus habitantes se sometan a semejante sarta de humillaciones y vejaciones? ¿Cómo explicar que sus más destacados dirigentes no hayan sido capaces de formar un frente común para enfrentar tan desastrosa situación? ¿Será realmente un fenómeno sobrenatural?

Pero quizá se trate de algo más cercano a nuestra experiencia como Nación. Rafael Arraiz Lucca, en un corto ensayo de reciente publicación, cita a Manuel García Pelayo con una explicación luce interesante (Ver: https://proyectobase.org/el-resentimiento-a-la-luz-de-manuel-garcia-pelayo/). En ella se demuestran los peligros de que un resentido social logre echarle mano al poder. Pero lo más impactante es cuando García Pelayo se refiere no solo a un sujeto resentido, sino a todo un conglomerado social resentido que ve en ese sujeto a alguien capaz de reivindicarlo por medio de la venganza política. Muchos de los tristemente célebres dictadores que han asolado la humanidad parecieran tener esas características. Pienso en  Stalin, Hitler, Fidel, etc. Con el agravante de que cuando ese fenómeno se presenta, las organizaciones internacionales poco pueden hacer para controlarlo o anularlo de manera pacífica. Porque estos personajes carecen de moral social. No son inmorales aun cuando pudieran parecer vulgares o chabacanos. Son simplemente amorales. Por lo tanto no sienten que están sujetos a ley alguna. De allí su afición por inventar organismos “supra-legales”, es decir, por encima de las leyes. De allí también su gusto por el poder impuesto a la fuerza, es decir, con las armas militares.

Cuando este trágico accidente social acontece, los sistemas diseñados para mantener equilibrados los poderes políticos y sociales, se confunden y se estrellan en una marejada de confusiones, desconciertos y contradicciones. Entre otras cosas, porque fueron diseñados sobre la base del “debido respeto” institucional. Pero si un mandatario decide apelar al “meta-poder” del pueblo y pasar por encima de todas las leyes, sin que ninguna institución se le oponga frontalmente, pues simplemente se alza con todo el poder de todos los poderes.

Si los abusos de semejante régimen se confinan a su propio país y a su propio pueblo, es comprensible que los organismos internacionales se vean de manos atadas para intervenir abiertamente y restaurar el equilibrio de la libertad social y política. El régimen invocará el principio de la no-injerencia en los asuntos internos de cada país. Y los demás países, por aquello de que “no hagas a otros lo que no te gustaría que te hagan a ti”, se verán temerosos de intervenir. Piense ahora, amigo lector: ¿Qué hubiera sucedido si Hitler, en lugar de invadir a sus países vecinos, se hubiera limitado a oprimir solo a los alemanes, mientras disimuladamente se dedicaba a “exportar” el nazismo por Europa? ¿Cuánto hubiera durado en el poder? ¿Cuál hubiera sido el destino del mundo si no le hubieran declarado la guerra a Alemania?

Eso sucede cuando los gobernantes, en nombre de una paz improbable, en lugar de actuar se dedican a conversar y bajo la fachada de la convivencia “pacífica” permiten que los tiranos se afinquen en el poder y exporten sus “revoluciones” provocando la inestabilidad de todo un continente. ¿Pruebas? Miren a Cuba.

Henry Cabello

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