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Brasileños votan en medio de turbulencia política

Los ciudadanos brasileños se presentaron a los centros de votación /Fotos: AP

Los brasileños votaban el domingo en unas elecciones marcadas por intenso descontento hacia la clase gobernante, tras años de turbulencia política y económica. La jornada se desarrollaba en un clima de tranquilidad, a diferencia de los numerosos sobresaltos que acompañaron la campaña presidencial, la más estrambótica de los últimos años.

Dos grandes hechos marcaron el camino hasta este domingo: el político más popular del país, Luiz Inácio Lula da Silva, vio rechazada su candidatura y el líder en las encuestas hacia las elecciones por la presidencia, Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, sufrió un ataque a cuchilladas cuando faltaba un mes para los comicios.

Hay muchos que opinan que la rabia hacia las élites dará impulso a un candidato ajeno al círculo político tradicional, rompiendo la hegemonía del centroizquierdista Partido de los Trabajadores y del centroderechista Partido de la Democracia Social.

El candidato que más se ha beneficiado del descontento social es Bolsonaro, un excapitán del ejército y legislador con 27 años en el Congreso que ha cosechado su popularidad presentándose como un “salvador de la patria” frente a los políticos “corruptos” que llevaron a la mayor economía del continente a una debacle.

“(Bolsonaro) es símbolo de una visión cívica y patriótica del país. Estamos frente a un momento de refundación para Brasil”, dijo Joao Felipe Miu, 38 años, funcionario público luego de haber votado en Leblon, un barrio acomodado de Río de Janeiro.

En las calles de Rio, muchos seguidores del diputado derechista se acercan a los centros de votación con camisetas de la selección brasileña de fútbol y con vestimenta amarilla con inscripciones y frases patrióticas. Miu vestía una camiseta con la frase “Mi partido es Brasil”.

Bolsonaro también es conocido por su nostalgia por la última dictadura, sus insultos a las mujeres y a los gays y sus llamados a reprimir la delincuencia, dándole más garantías a las fuerzas de seguridad. A la par de su popularidad, ha crecido un fuerte sentimiento de rechazo que se plasmó en enormes movilizaciones callejeras convocadas por la consigna “Él no” el fin de semana pasado.

Al votar en Río de Janeiro el domingo por la mañana, Bolsonaro pronosticó que obtendrá más del 50% de la votación, suficiente para evitar una segunda ronda el 28 de octubre. “La gente cae en la cuenta que Brasil no puede seguir con el camino del socialismo. No queremos ser mañana lo que Venezuela es hoy”, dijo el ex capitán del ejército.

Exalcalde en disputa
En segundo lugar de las encuestas está el antiguo exalcalde de Sao Paulo Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, el partido que ha ganado las últimas cuatro elecciones presidenciales.

Después de votar en Sao Paulo, Haddad habló brevemente con la prensa. Sin embargo, su voz quedó eclipsada cuando opositores golpearon ollas en edificios cercanos. Mientras, sus partidarios gritaban que él será el próximo presidente, una exhibición vívida de un electorado muy polarizado.

En el tramo final de la campaña, el PT subió el tono contra el excapitán del Ejército al advertir al electorado que, con su elección, la democracia estaría en peligro. Incluso, mediante un video, el partido de Haddad comparó a Bolsonaro con Adolf Hitler.

Guiada por ese miedo, Ana Dias, 78 años, jubilada, entendió que debía ir a votar, pese a que cuatro años atrás se había quedado en su casa. “Mi hija me convenció de que viniera. Ese señor (Bolsonaro) es un radical, un peligro para el país porque con odio no solucionaremos nada”, dijo.

Un manto de incertidumbre envuelve el resultado que arrojarán las urnas en el cierre de la jornada.

Bolsonaro al frente
Bolsonaro recibió el 40% de las preferencias en la encuesta de Datafolha más reciente, una ventaja de 15 puntos porcentuales sobre Haddad. El sondeo se basó en las respuestas de 19.552 personas entre viernes y sábado y tiene un margen de error de más/menos 2 puntos porcentuales.

Jair Bolsonaro se presentó temprano a ejercer su voto

En caso de que ninguno de los postulantes consiga el 50% de los votos válidos, el 28 de octubre se disputará una segunda vuelta entre los dos mejor posicionados.

La campaña por la presidencia de Brasil _la economía más grande de Latinoamérica, un importante socio comercial de varios países y un peso importante en el mundo diplomático_ ha sido tensa e impredecible.

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva iba adelante en las encuestas al principio, pero su candidatura fue descartada debido a su condena por corrupción. Bolsonaro fue herido a cuchilladas e hizo campaña desde su cama de hospital durante varias semanas-

Quien resulte electo dirigirá un país sumido en una crisis económica y política, aún conmovido por el enorme escándalo de corrupción de Lava Jato, el mayor esquema de corrupción en la historia de país develado a partir de 2014. Como síntoma de un país en crisis, más de 13 millones de brasileños no encuentran trabajo en el mercado.

Bolsonaro habla de un país al borde del colapso donde narcotraficantes y políticos roban impunemente y reina la amoralidad. Se ha manifestado a favor de flexibilizar las leyes de tenencia de armas para que la gente pueda protegerse, darle rienda suelta a la policía y restablecer “valores tradicionales”, una frase que ha causado desasosiego debido a sus halagos hacia la época de la dictadura y sus insultos contra las mujeres, los negros y los gays.

“Hay un fuerte deseo de cambio”, opinó Andre Portela, profesor de Economía de la Fundación Getulio Vargas, un importante centro de estudios e investigación. “Bolsonaro se ha aprovechado de eso y se ha presentado como agente del cambio, pero no queda claro si realmente lo será”.

Mientras tanto, Haddad y el Partido de los Trabajadores han retratado un país apropiado por una élite que protegerá sus privilegios a todos los costos y que no puede soportar que mejoren las vidas de los pobres y la clase trabajadora.

Haddad ha prometido dar marcha atrás a las reformas económicas del presidente Michel Temer que dice que han deteriorado los derechos de los trabajadores, para aumentar la inversión en programas sociales y recuperar los años de auge que Brasil tuvo bajo su mentor, Lula.

Atrapados entre ambos, están los brasileños que los consideran símbolos de un sistema roto.

“Si Haddad o Bolsonaro ganan, la polarización no se va a acabar. Creo en un cambio, por fuera de los extremos”, opinó Danielle Palomo, 29 años, economista, a la salida de un centro de votación en Copacabana, en la zona sur de Rio. Palomo apostaba en que el izquierdista Ciro Gomes, tercero en las encuestas, llegara a la segunda ronda.

Rio de Janeiro/AP

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