Columnistas

Funesto tabulador (y afines)

Perdido entre textos antiguos de disímil contenido, sigo tropezando con ideas reiteradas sobre el “deber ser” de cualquier equipo de gobierno que se respete y sobre su rol más importante que no es otro que “preservar la vida” del pueblo que los eligió, es decir, la función gubernamental que reviste mayor importancia es la de brindar y garantizar protección a sus ciudadanos, porque si no nos sentimos seguros en la calle está en “entredicho” nuestra libertad.

          Lo cierto es que los derechos que sustentan nuestro sistema de gobierno (el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad) sólo se hayan a salvo en comunidades que disfrutan de seguridad, y es ésta, la base del contrato social.

        ¿Qué queda entonces para un régimen cuyo génesis ideológico es al comunismo  más rancio y anacrónico?

          En la Unión Soviética se sostuvo el comunismo durante 70 años porqué echó mano a la represión y violencia más salvajes (no en balde le causó la muerte a más de 60 millones de personas), y ha podido trascender gracias a quimeras y cantos ditirámbicos que se apoyaron en la demagogia y falacias de un grupúsculo de intelectuales marxistas que desde los años veinte y treinta del Siglo XX se dedicaron a asegurar que habían traído “el paraíso a la tierra” y vendieron la fábula de un supuesto “florecimiento humanístico”, pero la realidad es muy distinta.

         En el caso venezolano mucha agua ha pasado bajo el puente de la ignominia. Muchas lágrimas derramadas, muchas muertes injustificadas, mucho dolor y desesperanza ha invadido nuestros corazones… Y con la mentira de “la igualdad social” acaban de imponer un tabulador salarial que asemeja a nivel pecuniario a todos los empleados públicos del país sin importar su preparación académica, su trayectoria, sus logros laborales, su actitud, sus virtudes personales, amén, que deja en el limbo convenios, acuerdos, contrataciones colectivas, beneficios logrados, en fin.

         Preguntas rasgan entonces, el cielo patrio.

         ¿Acaso el colectivismo que ellos pregonan no va en contra de la naturaleza humana que necesita fortalecer su autoestima mediante el reconocimiento social basado en la singularidad de sus logros?  ¿Qué decir sobre la desaparición de los estímulos materiales como recompensa a los esfuerzos personales? ¿Cuántos trabajadores podrán realmente defender con entusiasmo un sistema que les niega o aplaza “sine die” una legítima compensación por sus desvelos? ¿Cómo omitir la falsa solidaridad colectiva que proclaman y que representa el debilitamiento del “bien común”?

           Los daños sufridos son inmensurables… 1) Ruptura de nuestros lazos familiares (con la intensión de forjar hombres y mujeres que no estén sujetos a la moral tradicional) 2) La imposición de las instituciones estabularias (el totalitarismo niega y reprime cualquier forma de organización que no esté sujeta al control y escrutinio de la cúpula gobernante) 3) Promueven una sociedad de ciudadanos parásitos (los somete a la obediencia mediante la amenaza de cortarles las alas para que no puedan pensar, organizarse, ni crear riquezas por cuenta propia) 4) Impone el miedo como elemento de coacción. 5) Desaparece la competitividad 6) Cercena la necesidad de libertad, especialmente la de información y formación, (no en balde el saludo más extendido en la especie humana es “¿qué hay de nuevo?”).

        Demasiado que decir… Demasiado que considerar.

        Así de simple

Antonio Ricóveri

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