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Musique, musik, music… Música

Mi padre solía decir que en Venezuela casi todo el mundo nacía con un cuatro bajo el brazo porque “la música la llevamos en las venas”. Y coincido plenamente con tal aseveración porque nadie en nuestro país es ajeno a esta forma de expresión… Cuando no se toca algún instrumento, se canta (aunque sea sin afinación) y en el peor de los casos, el que ni toca ni canta, acompaña rítmicamente con una llave y una botella, con un tenedor y un balde, o simplemente, con las palmas de las manos. Eso evidencia que poseemos una cultura musical intrínseca (por no decir genética), que nos convierte en un pueblo risueño y muy alegre.

Y esto es tan cierto, que muchos de los opresores y caudillos que han regido nuestros destinos a lo largo de la historia patria, convencidos de tal “particularidad”, cuando sentían que se estaba orquestando alguna revuelta, asonada o insurrección en su contra, decían por lo bajito: ¡Mire compadre!, vamos a ponerle música a esta gente. Vamos a organizarles una gran fiesta para que todos canten, toquen, bailen y tomen… ¡Porque pueblo que esta “emparrandado” no conspira!

La musicalidad está tan presente en la vida del venezolano, que ha sido parte activa de muchos ilustres personajes, más allá de su especialidad. Por ejemplo, el Doctor José Gregorio Hernández fue un versado músico, y se sabe, que antes de pasar consulta, se le podía escuchar interpretando hermosos valses y pasajes en violín o piano, y era una de sus favoritas una canción muy añeja de autoría desconocida llamada “Fulgida Luna”.

Por su parte, Francisco de Miranda, el precursor de nuestra Independencia, fue un insigne flautista y compuso algunas melodías, que por cierto, fueron recuperadas y remasterizadas hace algunos años por una conocida entidad bancaria del país.
¿Y qué decir sobre José Antonio Páez, el centauro del llano y Antonio Guzmán Blanco, el ilustre americano? El primero dominó y compuso canciones en guitarra y piano, y el segundo fue compositor y mejor ejecutante de varios instrumentos de cuerdas.
Lo cierto es, amigo lector, que resulta inmenso el aporte de la música en nuestras vidas, o como indica el Portal Real Música Maestro…

“Se puede decir que la música sirve para expresar, escuchar, callar, cambiar, ser diferente, ser igual, unir, fortalecer, armonizar, equilibrar, definir, ser único, convivir, reflexionar, divergir, coincidir, motivar, apoyar, alcanzar, volver a intentar, imaginar, inspirar…”, en fin.

Siendo precisos en cuanto a sus aportes, la música optimiza nuestra función cerebral, disminuye la ansiedad y la depresión, estimula las defensas del cuerpo, mejora la memoria, regula el sueño, mantiene el ritmo cardíaco e incrementa la resistencia física, tiene impacto positivo en pacientes con enfermedades como el cáncer, hipertensión, diabetes o problemas respiratorios, induce a estados de meditación, mejora el rendimiento cognitivo, eleva el estado de ánimo mientras se conduce, mejora la función de los vasos sanguíneos, y escuchar música suave, con luces bajas mientras se disfruta cualquier comida, puede contribuir a que se coma más lento y por ende, se asimila menos.

Recuerdo entonces lo que dijera en algún momento mi fallecido maestro de música de la infancia, mi recordado Gio Saule…
“Resulta trascendente escuchar una sola nota musical, ya sea conocida o de creación propia, porque cada nota nos regala vida y esperanza”.

Así de simple.

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