Columnistas

Solo nos queda la Rebeldía

Decía Mario Vargas Llosa en alguno de sus escritos que “una sociedad democrática y libre requiere de ciudadanos responsables, críticos, independientes, difíciles de manipular y en permanente renovación espiritual, dispuestos a someter continuamente a examen al mundo para tratar de acercarlo a ese en el que quieren vivir”.

Y de eso se trata. De evaluar de forma permanente lo que tenemos como país para transformarlo en lo que queremos que sea.
Y nada nos acerca más a esta meta… Nada nos defiende más contra este modelo político y económico tan oprobioso… Nada nos alienta más contra la estupidez de los prejuicios, contra el cinismo, contra la xenofobia, contra el sectarismo religioso o político y contra los nacionalismos excluyentes, que nuestra rebeldía personal.

Sabemos que aparte del liderazgo reconocido existente poco le interesa lo medular, lo que nos afecta a diario, porque posee una limitación no solo verbal, sino también intelectual… Una indigencia de pensamiento y de conocimiento que los aleja de la realidad nacional.

Y entonces al ciudadano común solo le queda la rebeldía pues los conceptos mediante los cuales se apropia de la realidad no solo no son disociados de las palabras, sino que definen su conciencia.

Lo cierto es que la rebeldía fortalece el espíritu crítico, lubrica el motor del cambio histórico y es el mejor valedor de la libertad, porque toda lucha ciudadana es un cuestionamiento radical del mundo, del país en el que vivimos.

Es la rebeldía la que alienta una predisposición insumisa, revoltosa e inconformista.

La rebeldía nos permite vivir momentos en que las leyes de la justica transgrede las leyes inflexibles por las que transcurre la vida real, emancipándonos de la cárcel del espacio y del tiempo, de la impunidad del exceso, y nos acerca a una soberanía sin límites.

Protestar ante lo que nos parece injusto nos aleja de ese mundo de pequeñeces, de limitaciones y servidumbres, de las fronteras y prohibiciones que nos acechan a diario, y que a cada paso corrompen nuestras ilusiones.

Sin esa rebeldía e insatisfacción viviríamos todavía en un estado primitivo… No habría nacido el individuo, el ser pensante, ni la ciencia, ni la tecnología, ni los derechos humanos, ni la libertad… Todos ellos, criaturas creadas por actos de insumisión ante la vida.

Todos ellos, un desacato a la existencia tal cual es.

Es la rebeldía el instrumento para cercenar la angustia opresiva, la absurdez extrema, los tintes pesadillezcos de este régimen.

Es nuestra rebeldía la que se debe oponer al amo absoluto, al terror de estado, a esa intención a convertirnos en una sociedad de autómatas, a esa pretensión de que veamos como “normal” sus persecuciones, sus horripilantes carnicerías, sus tétricas dilaceraciones, sus sacrificios humanos que recuerdan tanto a Sacher Masoch, aquel que diera origen al masoquismo.

Y lo peor de todo no es la corrupción, ni los antivalores, ni la ruina, ni las humillaciones, ni el hambre, ni la sangre o la tortura psicológica y física… No. Lo peor es descubrir que nuestro pueblo se ha ido acostumbrando a esta violencia, a estos monstruos ávidos de transgresión, quienes agazapados en cualquier esquina o en cualquier rincón, aguardan pacientes cualquier excusa para imponer su ley.

Solo nos queda la rebeldía.

Así de simple.

Desde Lechería

Share This:

Comentarios

  

Publicidad

Do NOT follow this link or you will be banned from the site!