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Jóvenes inmigrantes sufren en centros de detención en EEUU

Niños juegan al exterior de lo que era un sitio de Job Corps que ahora los acoge en Homestead, Florida / Foto: AP

En una instalación gubernamental para jóvenes migrantes, una mujer de 20 años que mintió diciendo que tenía 17, logró robar una aguja durante una clase de costura para cortarse intencionalmente. En otro caso, cámaras de seguridad grabaron a un joven pateando repetidamente a un niño en la cabeza después de discutir en el campo de fútbol.

Un niño de 6 años intentó huir del mismo centro luego de que otros niños tiraron sus zapatos al retrete. Tres empleados tuvieron que bajar al pequeño de la cerca y cargarlo de vuelta al edificio.

Varios expedientes obtenidos por The Associated Press muestran algunos de los problemas que plagan las instalaciones de gobierno para los jóvenes migrantes, en momentos en que el gobierno del presidente Donald Trump ha tomado medidas que podrían enviar a prisión a todos los niños migrantes detenidos.

Actualmente hay unos 14.000 niños migrantes detenidos en más de 100 instalaciones en todo Estados Unidos. De ellos, unos 5.900 menores están en Texas. Muchos cruzaron la frontera sin sus padres y han tenido que esperar más tiempo en los centros antes de ser entregados a parientes o tutores, quienes tienen miedo de presentarse por temor a ser detenidos y deportados.

Cientos de niños separados de sus padres hace unos meses también fueron detenidos en estas instalaciones, pero desde entonces la mayoría han sido reunificados con sus familias.

Entre la indignación mundial por la separación de familias, el gobierno de Trump presentó a los centros como lugares amorosos y seguros para los niños inmigrantes, pero los expedientes obtenidos por la AP muestran que el sistema de detención infantil ya está saturado. Los niños se rebelan, a veces golpeándose entre ellos e intentando escapar, y los empleados tienen problemas para lidiar con estas situaciones.

Los médicos han advertido desde hace meses sobre las consecuencias de detener a niños durante periodos largos, sobre todo después de que la mayoría de ellos huyó de la violencia y pobreza en Centroamérica, luego de recorrer el peligroso viaje hacia Estados Unidos.

“Estar en detención puede ser una especie de trauma”, dijo el doctor Alan Shapiro, un pediatra que trabaja con niños inmigrantes. “No podemos atender el trauma de los niños y traumatizarlos al mismo tiempo”.

Southwest Key Programs, un organismo no lucrativo con sede en Texas, opera las instalaciones en donde ocurrieron los tres incidentes mencionados. En Arizona, la organización aceptó en octubre cerrar dos instalaciones y dejar de aceptar a más niños en otras como parte de un acuerdo con el estado, que ha investigado si la organización llevó a cabo minuciosas revisiones de antecedentes de los empleados. Un exempleado fue condenado este año por abusar sexualmente de varios niños.

Mientras tanto, en Texas, Soutwest Key intenta expandirse y demandó a Houston cuando los funcionarios locales intentaron evitar que abriera la instalación.

En un comunicado, Southwest Key dijo que reportó los tres incidentes por voluntad propia y que estaba comprometido con solucionar los problemas.

“Mientras los niños inmigrantes se vean obligados a dejar sus casas por la violencia y pobreza, queremos proporcionarles una atención compasiva y ayudar a reunirlos con sus familias de forma segura y rápida”, dijo el grupo.

Las instalaciones de Southwest Key tienen permiso de la Comisión de Salud y Servicios Humanos de Texas, que inspecciona centros de detención infantil y entregó los expedientes de las inspecciones a la AP.

El gobierno estadounidense también montó una instalación temporal en Tornillo, Texas, que no tiene permiso del estado porque está ubicada en propiedad federal. Ahí, unos 1.800 niños están albergados en enormes carpas con costos mucho más elevados que las instalaciones con permiso. Eso es más que los 320 de junio, en el punto culminante de la crisis de separación de familias.

Una instalación señalada en varias ocasiones fue Casa El Presidente en Brownsville, Texas, operada por Southwest Key.

Conforme los padres eran arrestados y separados de sus hijos, Casa El Presidente se convirtió en una de las tres instalaciones en Texas de “edad vulnerable” que recibió a sus hijos. Un grupo de congresistas que visitó el lugar en junio dijo que la instalación tenía una sala de infantes con sillas altas y juguetes, en donde los empleados cuidaban a bebés.

Casa El Presidente aumentó de tamaño durante la crisis de separación de familias. Según el conteo mensual del estado, la instalación pasó de tener 56 niños en junio a 367 en el conteo más reciente del 15 de noviembre.

Un supervisor de turno le dijo a un inspector estatal el 26 de junio que más empleados estaban renunciando y que los trabajadores “luchaban con la implementación de límites seguros para los niños de esta edad”.

“Reconoció que el personal tiene miedo de tocar a los niños”, escribió en un reporte el inspector.

Política

El supervisor dijo que Casa El Presidente tenía que cambiar su política para sujetar a los niños pequeños que se portaban mal, porque sujetarlos por demasiado poco tiempo “aumentaba y no disminuía” su rebeldía. Southwest Key dijo que un ejemplo de una sujeción típica sería tomar el brazo u hombro del infante, y que no utiliza sujetadores mecánicos.

La instalación fue mencionada por sujetar inadecuadamente a un niño de 6 años que en julio intentó subir a la cerca de un patio de juegos y escapar.

El niño fue identificado en un reporte de inspección por su nombre, Osman. El personal le dijo a un inspector que dos días antes de que Osman corriera hacia la cerca, otros dos niños pusieron sus zapatos en el retrete. Osman “también expresó frustración por estar en un albergue lejos de su familia”, decía el reporte.

Al final, tres empleados alejaron a Osman de la cerca y lo regresaron al edificio.

El mismo mes, dos niños _llamados Luis y Franklin_ se pelearon después de que Luis pateara un balón de futbol que Franklin afirmó que era suyo. Un inspector que vio el video del lugar escribió que Franklin persiguió a Luis y lo golpeó, provocando su caída.

“Franklin comienza a patearlo, una vez más, haciendo contacto y pateando a Luis en la cara”, escribió el inspector. Los empleados “nunca se esforzaron por separar a Franklin de Luis; el personal simplemente lo sujeta”.

El inspector amonestó al centro por no intervenir de forma adecuada para detener el pleito.

En Casa Río Grande en San Benito, Texas, una de las personas que vivía ahí era una joven de 20 años que dijo tener 17. El reporte de una investigación la identifica como Julia.

Julia le dijo a un inspector que tomó una aguja de una clase de costura y la utilizó para cortarse porque “se sentía sola”. Ocultó sus muñecas heridas vistiendo un suéter durante aproximadamente dos semanas, pero cuando un día se le olvidó usarlo un empleado vio las marcas.

En cada caso, los inspectores entrevistaron a los menores detenidos en la instalación. Según los reportes, los demás jóvenes dijeron que eran tratados bien, tenían suficiente comida y sentían respeto por los empleados.

Jeff Eller, un vocero de Southwest Key, reconoció que este año los empleados se habían desmoralizado por las exigencias fuera de lo normal.

“Estábamos en contra de la separación de familias en la frontera”, dijo Eller. “Mantener a las familias unidas es mejor para los niños, los padres y las comunidades”.

Houston / AP

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