Columnistas

Banderas de Libertad

Vine a este bendito país a la edad de 27 años.  Tuve mucho que aprender, porque… porque, ¿qué le vamos a hacer?, vine habitado por un amable y discreto complejo de superioridad: en cosas de comprensión del ser humano y de la sociedad, yo debía “evidentemente” sobrepasar el común de los mortales…

Aprendí. Pero todavía no tengo diploma en las cosas tan importantes de la vida. Hice mi educación – o más bien: hicieron mi educación – en el barrio. Gente sin diploma, pero formada por la familia, la pobreza, el sufrimiento, la convivencia entre vecinos de buena voluntad… Ahora, como me lo dijo una vez una niña de 10 años (hoy, tiene más de 45), “el barrio es nuestra familia”.

Apenitas llegado, me impactó profundamente  la cordialidad de este pueblo latino. Su generosidad. Su hospitalidad. Su sencillez. ¿Latino? Sí; pero con un “plus”: venezolano. Me puse a leer toneladas de libros de historia, literatura, para entender mejor la vida de esta nueva familia mía.

Y por supuesto, también toneladas (bis) de libros de teología: para entender mejor la fe persistente de mis vecinos. Pude comparar cualidades – y defectos – del colombiano, del chileno, del argentino, del centroamericano… Realmente, había, hay un “plus” venezolano. Me fascinó la historia de Venezuela, y de todo el continente latinoamericano. No existía “Europa”, pero sí Latinoamérica. Soñaba con la capacidad latina para lograr un prestigio mayor que el del Ogro inmenso del Norte… Todavía vivo con este sueño de libertad.

Pero vean, ahora, mi tristeza. Por primera vez en la historia republicana de dos siglos, Brasil amenaza con tragarse nuestro país. Quiere ser el Ogro del Sur. Colombia se ha olvidado del amable refugio permanente que ha sido Venezuela, refugio para recibir todo gratuitamente: vivienda, salud, educación, trabajo… Y respeto y cariño por encima, como si fuera poco. Hermano colombiano: ¿no te da pena, la ingratitud tuya de hoy? Perú, Ecuador: ¿no tienen memoria para recordar la presencia de la millonada de cada uno de ustedes, buscando en Venezuela el pan de cada día… y encontrándolo?

Panamá: ¿tenías necesariamente que olvidar la invasión y el bombardeo de los cuales fuiste víctima en diciembre ’89, y aceptar la invasión norteamericana a Venezuela? A pesar de las diferencias, ¿qué pueblo, qué gentilicio, puede quejarse de haber recibido de parte del venezolano marcas de mezquindad u hostilidad? 

A instancias del Ogro del Norte, América Latina se está deshaciendo. Riqueza del Norte, pobreza del Sur. Qué tristeza: la fraternidad continental se está disolviendo. El esclavo obedece al amo. ¿Cuándo volverán a levantarse  las gloriosas banderas de libertad y unión continental?…

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