Columnistas

Huracanados vientos de cambio

Ciertamente amigo lector, el viento es mucho más que una corriente de aire que se produce en la atmósfera al variar la presión.

En la civilización humana el viento ha inspirado la mitología, ha afectado los acontecimientos históricos, ha extendido el alcance del transporte (y de la guerra), ha proporcionado una fuente de energía para el trabajo mecánico y ha impulsado los viajes en barco a través de los océanos de la Tierra… No en balde la pericia en su aprovechamiento llevó a españoles, noruegos,  holandeses, franceses e ingleses a las costas de África, la India y América. 

Hoy, viviendo entre muros de concreto y rodeados de madera, cromo y cristal, seguimos sintiendo al viento en el vibrar de las ventanas, en el roce de las ramas de los árboles en los cristales, y en el ulular de sus ráfagas que bordean y envuelven nuestra morada.

Es humano entonces preguntarse… ¿Qué es realmente el viento? Quizás sea el aliento de Dios por su acción de llevarnos aire a los pulmones que es lo que nos da la vida, sin olvidar que también nos brinda placeres sencillos como sentir que sus corrientes besan las playas y nos bañan de fragancias de exóticas especies, al igual que permite que las plantas se expresen, pues por él sabemos que los pinos tienen un gemido agudo, que los robles crujen, que la hierba susurra y que las secuoyas cantan dulcemente. Y es el viento también una forma de sabiduría que equivale a una compresión de los horizontes.

Pero el viento también es cambiante. Y lo advertimos cuando se presenta desatado, enérgico, indomable e inclemente, doblegando árboles, plantas, arbustos, y levantando todo a su paso.

Y eso es lo que está ocurriendo actualmente en Venezuela. Están soplando vientos distintos que empujan a la patria hacia destinos más justos y más dignos, en un venteo heroico que nos aleja con premura de la frontera de lo deshonesto hacia la orilla de lo honesto y nos impulsa hacia las costas de lo digno, en detrimento de lo indigno.

Pero el gobierno madurista sigue creyéndose superior “a este elemento”. Subestimando entonces “esas ráfagas de aire de cambio que irrefrenablemente se están esparciendo por todo el país”  (en parafraseo de lo que dijera el primer ministro británico Harold Macmillan el 3 de febrero de 1960 ante el Parlamento de África del Sur, cuando aludía a la creciente fuerza del nacionalismo africano que estaba por cambiar la geopolítica de todo ese continente, tal cual como está ocurriendo hoy en nuestra patria).

Y así, como es determinado el viento en cuanto a su rumbo, lo es nuestra necesidad de querer dejar en el olvido a ésta “revolución” y avanzar hacia un destino más próspero que nos permita optimizar nuestra calidad de vida, garantizar nuestras libertades ciudadanas, y asegurarnos un mejor futuro… De allí a que esté totalmente convencido que esos “nuevos aires” que se vienen respirando desde el pasado 23 de enero en todo el territorio nacional continuarán como onda expansiva en detrimento a esa corte de saltimbanquis, tragasables, zanqueros, ilusionistas, malabaristas y payasos que dirigen los destinos nacionales.

Finalmente, la fuerza de “estos vientos de cambio” nos invitan a seguir en la calle este próximo 23 de febrero acompañando la gesta humanitaria que lideriza Juan Guaidó y el resto de las fuerzas democráticas del país… Porque, como era de esperarse, el viento seguirá trazando destellos de esperanza en el cielo.

Así de simple.

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