Columnistas

La calle… La última trinchera

Asumir la calle como territorio de lucha, mecanismo de presión social, tarima de denuncias, escenario de reclamos, fue en el pasado reciente parte de nuestra cotidianidad. Allí nos encontramos, nos abrazos, nos hermanados, nos sentimos familia, caminamos, gritamos, presionamos, denunciamos, aguantamos “gas del bueno”, sufrimos persecuciones, padecimos agresiones…  Y soñamos con un país distinto.

Porque la calle es mucho más que un “espacio entre dos líneas de cosas paralelas por donde se puede pasar”. Es mucho más que un espacio urbano que permite la circulación de personas, vehículos, y el acceso a edificios y solares que se encuentran a ambos lados. La calle es el verdadero órgano de movimiento de una ciudad, de una urbe, de una nación.

En la calle se encuentra la verdad de los pueblos, el sentir de la gente, la realidad de un país. Es una caja de resonancia de lo que sucede. Allí se dirimen las emociones, se da rienda suelta a la esperanza.

En la calle nace la luz, se consolidan las creencias, se sienten los vientos de cambio, se respiran los aires de libertad.

Y en este momento, la calle reclama, la calle gime, la calle grita, se desgañita por ser tomada nuevamente con ferocidad por todos aquellos que sueñan con una Venezuela más  justa y más digna… Porque igual que como se gestan las ilusiones y los sueños, es en la calle donde se materializa el hambre en cada esquina, en cada barrio, en cada expendio de alimentos, en cada mercado, y cuando no, en cualquier deposición de desechos sólidos donde muchos coterráneos sucumben a su necesidad de alimento revisando las bolsas de basura…Y de allí, directo a la boca.

Y es en esta gran coyuntura cuando el país democrático debe asumir nuevamente una lucha abierta y pública contra estos fariseos y contra todo el entarimado de ópera bufa oficialista… Tan retrógrada, tan anacrónica… Con tantos vestigios de resentimiento.

Hoy el país democrático debe nuevamente hacerse sentir en la calle. Pero este clamor debe ser unánime y contundente… Es allí donde el pavor irracional debe ser superado, donde el temor al despido debe ser omitido, donde  la sensación de debilidad que provoca la dispersión debe ser apartado, y la dificultad de vencer las inercias y los miedos deben ser dejados de lado, pues estos no pueden ser obstáculos para retomar los reclamos en cualquier esquina, para realizar denuncias en cualquier sector, para exigir soluciones en cualquier barriada.

De lo que se trata, amigo lector, es de superar la sensación de aislamiento y desaliento que nos ha invadido en los últimos meses. Porque el país, el territorio, la población, son mucho más que nosotros mismos… Son mucho más que nuestro pequeño grupo familiar… Es la hora entonces de romper la burbuja de prosperidad, conformismo y calma “chicha” que nos hemos creado en lo interno y exponernos nuevamente al sol, a los vientos, al polvo.

Finalmente, la protesta es el signo de nuestros tiempos, Y nuestro nicho natural es y será siempre la calle. Por lo tanto es necesario retomarla para apoyar a la nueva directiva de la Asamblea Nacional, apostando a nuestra Constitución, apostando a la institucionalidad de nuestra nación, porque la calle es la respuesta. La calle es nuestra última trinchera… La que nunca debimos abandonar.

Así de simple.

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