Columnistas

Tiempos de consecuencias

Estos tiempos de tanta opresión, ofuscación, abusos, tropelías, tensión e incertidumbre, me llevan a recordar al escritor venezolano  Francisco Herrera Luque, cuando en su novela de historia fabulada “Los Reyes de la Baraja” coloca en boca de Antonio Leocadio Guzmán (padre del ilustre americano Antonio Guzmán Blanco), la siguiente aseveración…

“Quien conoce el deleite del mando, es como el tigre que come carne humana. Luego que se ha sido presidente, gobernador, alcalde o ministro, se queda marcado para toda la vida. Tan solo el poder y nada más que el poder será su afán. Y si para lograrlo tiene que comer mierd… lo hará, aunque sea a ‘buchitos` ”.

Palabras éstas, que colocan en contexto la perturbación, el trastorno, la vesania, la chifladura, insensatez y desatino de los actuales regentes de Miraflores, quienes en la procura de resguardar sus bienes, beneficios, prebendas, negocios, lujos, gustos e   intereses personalísimos, están resistidos de forma férrea a entregar el poder y a reconocer cualquier debilidad o fallo en su gestión, mucho más si viene bajo la etiqueta de “ayuda humanitaria”.

Este entarimado de organizaciones criminales, sectas clandestinas, estructuras delictuales paramilitares, y mafias de todo índole que hacen vida en el actual régimen, el pasado sábado 23 de febrero dejaron en evidencia su pérfida mascarada democrática a los ojos del mundo.

¿Cómo ocultar tanta violencia, indolencia e inquina? Hablamos de una brutal represión que dejó como saldo 4 fallecidos (fuentes extraoficiales indican que 14 es el número real), más 260 heridos, cientos de detenidos, 3 gandolas contentivas de ayuda humanitaria quemadas, un barco proveniente de Puerto Rico con alimentos y medicinas interceptado por fragatas venezolanas que impidieron su llegada al país, infinitas violaciones de la libertad de expresión, censura manifiesta en el internet, la televisión, la radio, canales eliminados de las parrillas de los servicios de tv por cable, bloqueos intermitentes a portales web y a las plataformas de You Tube, Google y Facebook, emisoras sacadas del aire, periodistas nacionales y extranjeros perseguidos, golpeados, detenidos y un ataque gravoso contra la Ong Observatorio Venezolano de Conflictividad, entre otras acciones desesperadas del gobierno.

Se ha puesto entonces de manifiesto, que a éstos espectros del averno, descendientes del chacal y la hiena, no les ha bastado con el engaño, la violencia, la intimidación, el chantaje, la persecución y las detenciones y muertes a lo largo de los últimos 20 años, sino que parecieran estar dispuestos seguir tiñendo de sangre inocente nuestro suelo patrio en detrimento a ceder cualquier espacio, territorio o superficie alguna, porque la consideran propiedad privada.

¿Qué nos ha quedado de todo esto? Las lecciones que nos da la historia. Por solo evocar un solo ejemplo, los juicios militares de la ciudad alemana de Núremberg de 1946 les deben recordar a nuestros hermanos castrenses que ningún militar podrá resguardarse bajo argumentos baldíos como “es que obedecía órdenes”, “no sabía lo que hacía”, “mi jefe me lo impuso”, porque las ejecuciones y prisiones perpetuas se materializaron aquel año alrededor del generalato alemán.

Y en cuanto al resto, ya lo refirió en alguno de sus escritos el poeta y crítico literario español del siglo XIX Eduardo Gómez de Baquero:

“Los que han creído en las mentiras de un charlatán se verán obligados a defenderlas para no confesar que han sido unos imbéciles, porque, aunque creer una verdad es un acto natural que nos compromete, creer una mentira es una simpleza que cuesta trabajo reconocer, por eso las mentiras se defienden con más tenacidad que las verdades”. Veremos entonces quienes siguen en este barco de mentiras, falacias y excesos.

Al final de todo amigo lector, quedarán para los anales de nuestra historia los aplausos, las risotadas y los bailes de mal gusto del señor Maduro y sus adláteres, mientras venezolanos caían víctimas de la balas, de la indolencia, del hambre y de la ignominia… Pero vivimos tiempos de consecuencias… Cada quien entonces con su responsabilidad.

Así de simple.

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