Columnistas

Una Férrea Obstinación

Para la mayoría nacional no existe paradoja. Queremos recuperar nuestras libertades plenas y quedarnos inertes no es opción. Hemos vivido demasiado tiempo en el malestar, en la agitación, en el sufrimiento, y sentimos que ahora la curación está cerca. Pero seamos honestos… No será sencillo porque el temor y el miedo a lo incierto siempre estarán presente.

¿Pero qué es la valentía sino una férrea obstinación?  La valentía es ese algo que nos impulsa a levantarnos todos los días y hacer lo que tenemos que hacer. Es el persistir aunque el mundo se nos venga encima. Es el seguir adelante cuanto otros nos empujan hacia atrás. Es el resistir cuando otros ceden. Es el creer cuando otros dudan. Es el conservarse puro cuando otros se venden… Porque la fuerza de la moral y el civismo ciudadano pueden ser una epopeya. Porque de lo que se trata es de trabajar todos los días por recuperar nuestro país sin importarnos como nos sintamos. Porque lo vital es desechar nuestras dudas y temores y entregarnos en cuerpo y alma a esta gesta… Pero en este tránsito el régimen nos expondrá a la enfermedad, a la soledad, al desprecio, a la incertidumbre y a las dificultades de todos los días.

Nuestro propósito serás entonces reanimar la moral colectiva (más allá de algunas sonrisas escépticas y desdeñosas del madurismo), recuperar nuestra tonicidad espiritual más allá del entreguismo de algunos, y combatir la esterilidad íntima de aquellos que confunden moral con gazmoñería.

El asunto es entender entonces que todo problema humano en el fondo es un problema de conducta, de actitud, por lo tanto, es un problema moral. Moral individual y colectiva porque lo que se está discutiendo en este momento en el país es ¿Cómo deseamos vivir? ¿Cuál es la forma de vida que consideramos mejor? ¿Cómo nos proponemos vivirla? Por eso los conflictos morales representan el núcleo de las más apasionantes tragedias, reales o ficticias, que conmueven al hombre. Por una parte se encuentran héroes y libertadores, santos y mártires. Y por la otra, sátrapas y asesinos, pícaros y cobardes.

Hablamos, como lo dijera el intelectual venezolano Augusto Mijares en alguno de sus escritos, “del Heroísmo que no figura en VenezuelaHeroica”… Hombres que quieran simplemente ser honestos. Mujeres que quieran defender su decoro por el solo hecho de hacerlo. Ancianos que aunque sean zarandeados por pérfidos se aferren a sus convicciones como un Áyax desafiante sobre el peñasco marino que siente abrirse a sus pies… Porque aunque la bondad puede ser vista como penachos y la honradez como un debil remedio contra la corrupción, hay que persistir, hay que intentar ser mejores.

Al final de todo amigo lector, será decisión individualísima de cada quien dar un paso al frente para ir en pos de un mejor país, de un futuro que aunque desconocido, siempre será mejor que lo que ahora tenemos.

Porque a fin de cuentas, la valentía es solo una “férrea obstinación”.

Así de simple.

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