Locales

Atender a las mascotas se ha convertido en una tarea complicada

Personas que no tienen el dinero suficiente para mantener a sus animales se ven obligados a abandonarlos / Foto: Archivo

La inflación en Venezuela no sólo ha perjudicado a sus ciudadanos, quienes cada día buscan la manera de sobrevivir en medo de esta crisis, sino también a los  animalitos que están bajo su cuidado.

Una mascota es un integrante más de la familia, pero mantenerla en control veterinario, bien acicalada y con una rutina alimentaria adecuada se ha hecho una tarea complicada. Los venezolanos tienen limitaciones para cumplir con todos estos requerimientos, especialmente si dependen de un salario mínimo, que es de 40 mil bolívares.

Un perro adulto debe comer, en promedio, 10 kilos de alimento canino al mes para obtener todos los nutrientes que necesita su organismo. Mantenerle esta dieta implicaría un gasto de más de 400 mil bolívares cada 30 días, tomando en cuenta que un paquete de perrarina de cuatro kilos de una conocida marca cuesta Bs 137 mil en los establecimientos comerciales.

Por esta razón son muchas las personas que han optado por alimentar sus canes con los restos de sus comidas.

Mascotas reciben  pocos cuidados

Oscar Bracamonte es dueño de la peluquería canina Guawitos, ubicada en la avenida Juan de Urpín de Barcelona, y asegura que ya no recibe tantos clientes como hace tres años. “De 20 animales que atendía a diario, ahora sólo traen dos y si acaso”.

Las consultas con el veterinario también han dejado de ser regulares y están limitadas sólo para casos en que los peludos se enfermen.

Vecinos al cuidado de callejeros

Los anuncios de animales desaparecidos y cuyos dueños ofrecían recompensas por su rescate no son comunes, como antes, en postes y paredes de cualquier ciudad, quizás porque no hay deseo de recuperarlos. Hay quienes, incluso, optan por o se ven obligados a abandonar sus mascotas para aligerar sus cargas económicas.

Otros se esfuerzan por cuidar sus animales. Es el caso de Liamir Aristimuño, quien tiene tres gatos,  y cada día busca la forma de obtener más ingresos para mantenerlos bien cuidados. Cuando no está a su alcance conseguir gatarina,  compra productos cárnicos para incluírselos en la dieta.

El sacrificio que hace por sus “amigos” de cuatro patas no le impide ayudar a otros que se encuentran en la calle. Ella y varios vecinos preparan alimentos para un grupo de diez felinos que deambulan por los alrededores de sus hogares.

Cada vez que realizan jornadas de vacunación gratuita se encargan de llevarlos para que gocen de buena salud.

Redacción El Tiempo / Puerto La Cruz

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