Locales

El rebusque se convirtió en una manera de “sobrevivir” para los anzoatiguenses

En la mayoría de las viviendas de los sectores populares se expenden alimentos embolsados a manera de rebusque / Foto: Arturo Ramírez

Rebusque. Esta es la opción a la que los habitantes de la zona metropolitana del estado Anzoátegui recurren, cada vez con mayor fuerza, para poder hacerle frente a la hiperinflación que les debilita cada vez más el poder adquisitivo.

Es poco lo que puede obtener una persona que devengue en una empresa pública o privada, un ingreso diario de 2 mil 166 bolívares, uniendo el sueldo mínimo mensual (Bs 40.000) y el bono de alimentación (Bs 25.000).

Nada más en pasaje se puede gastar no menos de 65% del salario base en un periodo de 30 días, de acuerdo con un trabajo publicado recientemente en El Tiempo. Son más de Bs 26 mil, dependiendo del número de autobuses que se utilicen para la movilización.

Pero aunque no haya desembolso por el uso del transporte público, son escasos los rubros de la cesta básica que un asalariado puede comprar, tomando como referencia los precios de los alimentos expendidos en el mercado municipal de Puerto La Cruz y sus alrededores, hasta el 19 de septiembre.

El kilogramo de carne de res se ubicaba para esa fecha entre Bs 58 y 68 mil bolívares, el de pollo en Bs 40 mil, un cartón de huevos en Bs 74 mil, 1.000 gramos de queso en 50 mil bolívares y la misma cantidad de cochino en Bs 68 mil. Eso significa que para comprar proteína de origen animal, un trabajador requiere más de un salario mínimo.

Ante estos montos, los vendedores aseguraron que los consumidores se limitan a llevar los rubros en muy pequeñas cantidades. La mayoría opta por comprar no más de medio kilogramo de carne de res, por ejemplo.

Mientras que productos como azúcar, arroz, harina de maíz, espagueti (un kilo), margarina (500 gramos) y aceite (un litro) eran ofrecidos por punto de venta en 18.500, 20.500, 23.500, 27.000, 42.000 y 30.000 bolívares, respectivamente.

Pero si hacían el pago en efectivo, una de las alternativas de los consumidores para poder comprar algo más, estos mismos artículos se ubicaban en unos 14.500, 13.500, 19.000, 18.000, 30.000 y 22.500 bolívares.

“Lo que me gano casi diariamente vendiendo cigarrillos en mi casa, un poco más de 30 mil bolívares, sólo me alcanza para comprar una harina, plátanos y, si acaso, pescado; cero presas. Con eso como dos días o hasta donde me rinda porque ya quedé solo, mis hijos se fueron hace poco tiempo para Colombia, Perú y Brasil”, comentó el septuagenario Carlos Martínez, al señalar que con la pensión por vejez no cuenta mucho, puesto que al recibirla se vuelve “sal y agua”.

Alternativa

Según el presidente de la Federación de Trabajadores del estado Anzoátegui (Fetranzoátegui), Tito Barrero, la mayoría de los asalariados se “rebuscan” para poder llevar los alimentos a sus hogares.

“Los trabajadores no están ganando ningún tipo de salario porque no alcanza para nada. Los que están en un trabajo formal ganan 40 mil bolívares y con cestaticket llegan a Bs 60 mil. Son Bs 2 mil diarios, que ni siquiera alcanzan para pagar pasaje. Todo el mundo anda rebuscándose, matando tigres o vendiendo en la economía informal, están buscando cómo sobrevivir”, resaltó.

Aunque no tenía a la mano la cifra de las personas que buscan alternativas para hacerle frente a la hiperinflación por la que atraviesa el país, Barrero mencionó que el grupo comprende aproximadamente el 70% de la masa laboral.

“En la mayoría de las casas de los sectores populares, los trabajadores venden cigarros, harina y tetas (helados o alimentos en bolsitas) de cualquier tipo”, indicó.

Y no es para menos. Según el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), el costo de la Canasta Alimentaria Familiar del pasado mes de agosto se ubicó en 5 millones 378 mil 265 bolívares.

Esto quiere decir, que se requieren más de 134,5 salarios mínimos para comprar rubros para un núcleo familiar integrado por cinco personas. Es un monto equivalente a Bs 179.275,52 diarios (más de cuatro salarios mínimos cada día).

Pero si la cantidad se lleva a divisas, a la tasa en que se encuentra el mercado actualmente, el Cendas-FVM afirma que se necesitan 7,17 dólares diarios, cuando la realidad es que el ingreso mensual de un trabajador es de apenas $1,60.

“Una persona debe ganar por lo menos 10 dólares diarios. La economía se ha dolarizado. Los negocios tienen sus productos en base al dólar: si sube, automáticamente suben los costos de los productos, pero si baja, los precios se mantienen. El bolívar prácticamente desapareció del vocabulario de los trabajadores, porque hasta un refresco lo venden en divisas. Obligatoriamente, el salario de las personas tiene que cancelarse en dólares”, enfatizó Barrero.

Añoranza

Con sentimiento, la secretaria Rosa González recordó cuando hace más de 10 años solía ir a los supermercados de la zona metropolitana de la entidad a realizar las compras, para que su familia de seis integrantes se alimentara, mínimo, durante una semana.

“Teníamos para escoger. Normalmente, yo compraba más de cuatro harina Pan, tres espaguetis, la misma cantidad arroz, margarina, sal, mayonesa, salsa de tomate y todo lo que a condimento se refiere”.

González señaló que la proteína de origen animal jamás faltaba en su mesa. Por lo menos adquiría un kilo de carne molida y la misma cantidad para guisar, en bisteck, lagarto, costilla, dos pollos y un cartón de huevos.

Mientras que de charcutería y embutidos solía escoger, como mínimo, 300 gramos de jamón de pollo, de espalda, queso amarillo, queso duro, guayanés, mortadela tapara, boloña de pollo, salami y salchichas.

De igual manera, mencionó que acostumbraba a llevar hortalizas, frutas y los artículos de higiene personal y limpieza. Todo con su sueldo quincenal, cestaticket y lo que su esposo le daba de vez en cuando, por ser un mecánico independiente.

“El sueldo alcanzaba y siempre quedaba para cualquier eventualidad. Ahora, aunque no compro ni la cuarta parte de lo de antes, doy gracias a Dios porque mi esposo sigue trabajando por su cuenta y ahora cobra en dólares. Además, dos de mis hijos que viven con nosotros tienen sus empleos fijos y también matan tigritos porque si no, no podríamos medio comer”, expresó.

González comentó que ahora lo que no falta en su casa es la harina de maíz, espagueti, arroz y los vegetales, porque de lo demás lo adquiere de vez en cuando o de manera limitada.

“Comemos carne, pollo, queso y huevos, pero no en las mismas cantidades que antes. La sardina se convirtió en nuestro pan de cada día, por lo menos para desayunar. Es que 20 dólares, que normalmente puede cobrar mi esposo por un servicio, no alcanzan para alimentarnos 15 días, ya que hay que comprar también el papel toilet, detergente y jabón de baño”, explicó.

Temporal

Tener familia en el exterior, tampoco es garantía para gozar de una buena alimentación, puesto que no se trata de un ingreso regular.

Por ejemplo, la sexagenaria Eduvina Contreras tiene a sus nueve hijos fuera del país. Sin embargo, aseguró que todos deben cubrir sus propios gastos, como los de residencia, y además les envían dinero a sus parejas para éstas y sus muchachos.

“La gente cree que cuando los hijos se van, uno va a recoger una pala de dinero, pero no es así. Eso no es fijo, lo que me envían tengo que estirarlo como un chicle para rendirlo. Pero si estuviese atada a un sueldo, ya nos hubiésemos muerto”.

La última vez que le mandaron su remesa (Bs 2 millones) fue hace más de un mes.

“Entre eso, lo que cobro de pensión, mi esposo gana matando tigres de carpintero y lo que nos llega en las bolsas Clap, nos da para vivir humildemente, nada de lujos”.

Contreras mencionó que comen carne de res, máximo, dos veces al mes. Acotó que los granos y las berenjenas guisadas se convirtieron en el mejor acompañante de los espaguetis y el arroz.

Puerto La Cruz / Elisa Gómez

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