Venezuela

Aumento de las remesas oxigena finanzas del país en medio de la hiperinflación

Venezolanos intentan paliar los efectos de la hiperinflación con las remesas que reciben del exterior / Foto: Cortesía

Martha Álvarez emigró hace tres años a los Estados Unidos y trabaja como mesera. Si bien su ritmo de gastos es bastante alto en una ciudad costosa, como lo es Miami, sabe que tiene que colaborar con los que dejó atrás, que en este caso son su mamá y su hermano.   

“Al principio podía enviar remesas por 10 o 20 dólares y eso era suficiente para que mi familia estuviese tranquila, pero conforme pasa el tiempo la situación económica de Venezuela se ha vuelto cada vez más precaria. Antes el problema era el desabastecimiento, ahora todo lo que se consigue en bodegones es en dólares o en una tasa de cambio superior a la del paralelo”, explica.   

Al relatar de qué métodos se  ha valido para enviar recursos a su familia dice que ha hecho “de todo”. “He mandado dinero con mis amigos, otros familiares, también he contactado a venezolanos que usan el tema de las remesas como negocio y le depositan los bolívares a mi mamá”, cuenta.   

También indica que actualmente envía entre 150 a 200 dólares mensuales y “cuando puede” usa los servicios de los “door to door” (puerta a puerta) con alimentos y hasta medicinas.   

“Yo sé que ahora 200 dólares no es mucho dinero allá, pero como mesera no tengo un salario fijo y por ello no puedo enviar más. Siento que si no envío algo de dinero mi mamá literalmente podría pasar hambre porque no hay sueldo en bolívares que pueda soportar que los precios cambien de la noche a la mañana”, dice.   

La diáspora venezolana está presente en muchas partes del mundo y desde ahí miles de nacionales envían dinero a los que viven en el país para que puedan enfrentar de forma más holgada los embates de la dolarización de facto y la hiperinflación.   

El esfuerzo de quienes envían recursos desde el exterior ha sido mayor  en 2019, debido a que el costo de la vida en Venezuela ascendió de 110 a 750 dólares “para gastos básicos”, y continúa creciendo según cálculos de la firma  Ecoanalítica.   

En tres años el envío de remesas en Venezuela pasó de 78 millones de dólares en 2016, a contabilizar entre 3 mil 500 y 3 mil 700 millones de dólares, según las estimaciones para finales de 2019 hechas por Ecoanalítica, convirtiendo esta vía en una  fuente de ingresos económicos para el país. Esto representa un aumento de más de 4.600% en aportes de moneda extranjera enviadas desde el exterior. Para 2020 se espera la entrada de $ 4 mil millones.   

Vale apuntar que en los primeros siete meses de este año el ingreso neto por exportaciones de petróleo por Venezuela fue de 8 mil millones de dólares, mientras que  las exportaciones no petroleras ascienden a 3 mil millones de dólares, según el diputado José Guerra.   

Oxígeno para el Gobierno

Analistas han señalado que el aumento de los envíos desde el exterior, le ha dado oxígeno financiero al Ejecutivo. Para el economista Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis, es evidente que la entrada de recursos por remesas a una economía seca como la venezolana incrementa o por lo menos mantiene el consumo de una parte de la población, lo que le otorga algo de holgura a la gestión  de Nicolás Maduro.

“Es un efecto secundario, concreto y que puede convertirse en una importante fuente de recursos para el Gobierno en el futuro”.   

Sin embargo, sostiene que esos envíos no se pueden juzgar, parar, ni criminalizar, pues  representan una acción social y familiar. “Las remesas son una necesidad para una parte importante de la población. Cuando la gente emigra, alguna lo hace para buscar su propia felicidad, pero deja atrás familia y personas queridas a las que necesitan ayudar. Tienen ahora una responsabilidad, incluso para cubrir una parte de remordimiento por el abandono inevitable. Pero otros emigran específicamente para poder darle una vida a quienes deja”.   

Según el economista Manuel Sutherland, director del Centro de Investigación y Formación Obrera (Cifo), las remesas y otras cuatro formas más de ingreso de divisas -narcotráfico, contrabando,  minería ilegal y  corrupción represada que antes salía a Miami y que ahora por las sanciones no puede salir- han permitido que el tipo de cambio no suba tanto como la inflación.   

“Eso de alguna manera ha controlado un poco los niveles de precios y ha dado una cierta estabilidad mínima comparada con lo que había antes, pero que sigue siendo un desastre macroeconómico. Creo que el Gobierno necesita urgentemente buscar un acuerdo y tratar de ofrecer cierta gobernabilidad mínima, porque realmente se le está yendo de las manos todo lo poquito que le quedaba en cuanto a gobernabilidad, administración y gestión. Es increíble la retracción del Estado que ahora ni siquiera emite dinero y deja que los ciudadanos paguen con cualquier cosa que se les atraviese”.   

El economista Asdrúbal Oliveros, director de  Ecoanalítica, señala que para nadie es un secreto que Venezuela vive un proceso acelerado de dolariza ción transaccional (o cocirculación de monedas) producto de la hiperinflación y escasez de efectivo. Pero, ¿de dónde han salido tantos dólares?  

“El origen de los mismos, es como aquella parábola del Evangelio del trigo y la cizaña, unos entran por fuentes lícitas y otros por fuentes ilícitas. En el primer grupo, se ubican los ahorros, parte de las remesas del exterior, empresas que exportan y/o pagan a sus empleados en dólares, entre otros. En el segundo hay tres actividades claves: contrabando de combustible, de oro y tráfico de estupefacientes. Y también la corrupción. Es difícil, por no decir imposible, en el stock de dólares en efectivo de la economía, saber de dónde viene el que pasa por nuestras manos”.   

Oliveros añade que en un entorno tan complejo como el actual y con la dinámica de las sanciones, es preferible usar efectivo que instrumentos financieros como transferencias internacionales, uso de tarjetas internacionales o el popular Zelle. “Hay que ser prudente con el manejo de la cuenta”.   

Oliveros: quienes sólo manejan bolívares, tienen una capacidad de compra muy restringida / Foto: Cortesía

La Venezuela en verdes  

El economista Luis Oliveros considera que actualmente es difícil saber cuántos dólares circulan en el país. Sin embargo, calcula que más de la mitad de los pagos que hoy se hacen en Venezuela son en divisas. Explicó que hay cuatro factores legales que, a su juicio, le están dando movimiento a la moneda estadounidense: gasto de ahorros; remesas familiares, bonificaciones salariales en divisas y alguna prestación de servicios fuera de Venezuela que esté generando este tipo de ingreso.   

“Ese es el gran grueso y explica la razón de que haya un segmento de la población que está recibiendo dólares”, indica el especialista.   

El experto señala que, a pesar de que este sector es receptor de la moneda dura, hay una desigualdad entre las personas que reciben dólares de manera consecuente y la gente que recibe dólares esporádicamente.   

Aseguró que el venezolano va a seguir prefiriendo la moneda estadounidense. “El dólar va a seguir teniendo un papel preponderante y muy importante en el sistema de pago en Venezuela”, dice.   

Una encuesta de la firma Consultores 21 aplicada a 2 mil personas en el mes de junio, reveló que  40% de los consultados han recibido dinero de familiares desde el exterior al menos en una ocasión y  32% reconoció que recibe asistencia económica a través de las remesas de manera regular.

La fórmula de la remesa usada por una gran cantidad de venezolanos ya no funciona como antes por un fenómeno económico que hace a los ciudadanos comprar cada vez menos con más dinero.   

Víctor Maldonado, expresidente de la Cámara de Comercio de Caracas,  explicó que en la nación coinciden tres efectos adversos para tener una buena calidad de vida si se reciben remesas, como son el colapso del bolívar y la hiperinflación, el desplome productivo y por lo tanto la escasez de bienes y servicios y la falta de confianza en el horizonte futuro del país. “En medio de estas circunstancias no hay posibilidad de un cálculo. Los precios no reflejan el valor de los productos y vivimos una economía envilecida, de supervivencia, en donde se impone como único criterio el costo de oportunidades”.

Argumentó que hace tiempo las personas adquirían los productos con pocos dólares que tenían como referencia precios regulados -sobre todo de bienes que tenían inventario. Agregó, que en aquel momento todavía había una economía que se podía transar en bolívares; empero, eso hoy día no es posible, porque “no hay inventarios, ni hay bolívares, ni hay confianza, ni hay producción”.   

Según el economista Henkel García, el hecho de que ya la gente no compre igual al recibir dólares a través de remesas o porque los tenga a la mano, se debe a la apreciación real del tipo cambiario y no a una inflación en dólares.   

“Existía una distorsión en el tipo de cambio y al reajustarse los precios en dólares empezaron a subir. Si alguien vivía un mes con 20 dólares en nuestro país es una clara señal de que el tipo de cambio no estaba ajustado. En ningún país se vive con 20 dólares”, asegura Maldonado.

Luis Vicente León dice que las remesas no pueden detenerse ni ciminalizarse / Foto: Cortesía

Caracas / Rafael Arias / Rodolfo Baptista

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