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Según consultados, cambiar de teléfono con frecuencia quedó en el pasado

Los clientes llegan a las tiendas, miran los dispositivos móviles, consultan precios y se van / Foto: Rafael Salazar

Adquirir un teléfono nuevo cada cierto tiempo era costumbre entre los ciudadanos que deseaban tener el que estuviese de moda o mantenerse al ritmo acelerado de la tecnología. Si bien reponer un dispositivo por robo o extravío no era problema, en la actualidad esto resulta prácticamente imposible.

Aunque se observa una gran variedad de modelos en las vidrieras de las tiendas telefónicas, los precios son demasiado altos para quienes devengan sueldo básico mensual—150 mil bolívares— en Venezuela.

Un ciudadano que quiera comprar un aparato móvil debe gastar, mínimo, 2 millones de bolívares. Esto es el equivalente a 14 salarios básicos. Una misión imposible para Katiuska Graterol, una joven de 28 años de edad, que acostumbraba a cambiar de teléfono cada año.

“Recuerdo que en otro tiempo se podía hacer esa gracia, ahorita no. Cambiar de dispositivo era una obsesión para mí porque me gustaba estar actualizada y cada vez que salía un teléfono yo lo compraba”, comentó.

La última vez que ella adquirió un “inteligente” fue en  2015. En aquel entonces fue víctima de robo y pudo reponer el equipo que tenía. Al año siguiente intentó cambiarlo por otro más avanzado pero le fue imposible. Ya el sueldo no le alcanzaba para eso.

Llegar a la tienda, apostarse frente a los exhibidores y observar los precios pareciera ser el consuelo de quienes conservan la ilusión de obtener un móvil nuevo. Uno que otro aparato al día es lo que en estos expendios se logra vender.

El maestro Ernesto Febres considera que adquirir un teléfono en este tiempo representaría algunos meses sin comer ni vestir. “Los venezolanos ya no gozamos de poder adquisitivo, la hiperinflación ha acabado con nuestros ingresos y lo que ganamos en el trabajo sólo está reservado para la comida”.

María González, quien reciente pudo adquirir un celular, indicó que no fue gracias a su salario sino a remesas que su nieta le envió desde el extranjero.

“¿Quién puede comprarse un teléfono si no es por ayuda de los que están afuera o tienen dólares ahorrados? Nadie, porque con el sueldo no es posible”, aseguró.

Señaló que llevaba algunos meses reuniendo para comprarse uno que le permitiera descargar aplicaciones como WhatsApp, para mantenerse en contacto con sus allegados que han emigrado, pero que cada vez que iba los conseguía más caros.

Milena Pérez / Puerto La Cruz

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